Infinito no es lo mismo que ilimitado, aunque está por demostrar que esto afecte nuestra pequeña vida.
Infinitas deben ser las posibles maneras de ser de una persona pero cada una lo es de una sola.
Somos seres únicos cada uno de nosotros. Cada humano se limita a una manera de ser con sus condicionantes, su consciencia, su personalidad propia, única e irrepetible. Nos limitamos a lo que somos.
Somos seres únicos cada uno de nosotros. Cada humano se limita a una manera de ser con sus condicionantes, su consciencia, su personalidad propia, única e irrepetible. Nos limitamos a lo que somos.
Algunos límites son inherentes a nuestra propia naturaleza y nuestro entorno físico, otros nos son impuestos por nuestro ámbito cultural y legal y otros más nos los auto-imponemos por educación y un conjunto de convicciones mas o menos íntimas, tal vez difusamente genéticas, tal vez adquiridas. Hablo de convicciones. No de modas, ni conveniencias ni aquello que social o políticamente se considera mas o menos correcto en un lugar y momento dado. A pesar de las vivencias que acumula la edad y que nos fuerzan a matizar nuestro comportamiento, algunas de estas convicciones deben anidar muy profundamente en nuestro ser. Es raro que dichas modificaciones sean sustanciales salvo en caso de grave conflicto o enajenación (más frecuente de lo que es admitido).
Todos nosotros somos capaces de traicionar en alguna ocasión alguno de nuestros principios. Dante Alighieri destacó la traición como el más común de los pecados y William Shakespeare la elevó a género dramático.
No obstante, no es habitualmente una traición frontal; es mas bien un rodeo, un quiebro casi a contra voluntad. Deben existir poderosas razones para ello e incluso así nos hace sufrir salir de nuestro entorno de referencia, de nuestra zona de confort, y buscamos enérgicamente volver a él de forma vital.
No obstante, no es habitualmente una traición frontal; es mas bien un rodeo, un quiebro casi a contra voluntad. Deben existir poderosas razones para ello e incluso así nos hace sufrir salir de nuestro entorno de referencia, de nuestra zona de confort, y buscamos enérgicamente volver a él de forma vital.
Nos sentimos vulnerables e indefensos ante personas que no participan de nuestra escala de valores ni comparten nuestros principios mas esenciales, nuestras referencias naturales. De ahí muchos de los conflictos de la humanidad.
El único límite para el conflicto es la simple concurrencia un mismo lugar y tiempo, de dos personas o más. Supongo que los seres humanos que han sobrevivido a la tendencia al enfrentamiento, son aquellos dotados de mayor espíritu gregario, capaces de aceptar cierto grado de diferencia en ideas e iniciativas con los pertenecientes al grupo que consideran propio.
A medida que la tecnología ha ido proporcionando medios de movilidad y comunicación, se han extendido los conflictos pero también han crecido los grupos que identifican grandes masas de gente con parámetros de referencia comunes.
Poco o nada han disminuido los conflictos desde el ámbito más íntimo de la persona (dentro de la propia familia) a su entorno vecinal y regional. En los escenarios de confrontaciones globales, sus nefastas consecuencias no han cesado de aumentar sobre cada vez mayor número de personas. Tanto entre los implicados directamente en la lucha como en lo que se ha venido a llamar víctimas colaterales.
No todas las disputas tienen origen realmente ideológico. Bien al contrario son las menos sino ninguna. La ideología y la religión son los disfraces preferidos por los mas oscuros y aborrecibles intereses de pequeños grupos que tienen, porque se la arrogan, el poder de movilización de aquellos que, debidamente manipulados, adiestrados y aleccionados, se batirán en nombre de la supuesta infinita razón que les asiste.
No obstante, la humanidad, como el tiempo, no será infinita. Ni tan siquiera ilimitada. La propia vida formulará otras propuestas y unas especies sucumbirán como siempre ha sido, en beneficio de otras que tendrán su oportunidad de considerarse por un tiempo, eternas.
¡Ja!
No obstante, la humanidad, como el tiempo, no será infinita. Ni tan siquiera ilimitada. La propia vida formulará otras propuestas y unas especies sucumbirán como siempre ha sido, en beneficio de otras que tendrán su oportunidad de considerarse por un tiempo, eternas.
¡Ja!
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