sábado, 25 de noviembre de 2017

SOMIATRUITES

En Catalunya somos por lo general, un poco “somiatruites” y a veces dejamos que nuestros sentimientos dobleguen la razón y caemos en la credulidad. Pero nuestro “seny” ha evitado habitualmente que nos volvamos papanatas de solemnidad por un tiempo demasiado prolongado. No obstante, hay ocasiones en que el pueblo Catalán se suelta el moño y libera la “rauxa”. Entonces cualquier cosa puede ocurrir. Si se nos empuja, de papanatas podemos pasar a obcecados y acabamos pareciendo fanáticos y sectarios.

Hablo de cuando durante unas cortas vacaciones trimestrales pasadas en casa de mi abuela paterna, un desfile militar, visto desde el balcón de la Diagonal, era un espectáculo fenomenal a los ojos de un chaval de corta edad. La Diagonal, desde Calvo Sotelo a los “encants” (hoy plaza de les glories -en obras permanentes-), acogía una ingente multitud. Eso de las multitudes no es nada nuevo para quien ha vivido los años suficientes. Al paso de unos coches negros (que aquí se llamaban “aïgues”), mucha, muchísima gente levantaba el brazo derecho. “Pourquoi ils lèvent la main comme les boches, mémé?” Las preguntas a mi abuela las contestaba habitualmente mi abuelo. “Aquets fà dos dies alçaven l’altre braç i tancaven el puny. La gent és arribista i s’ha fanatitzat.”, respondía mi abuelo. Mi abuelo estaba abatido y triste.


El “era” la gauche divine de sus tiempos. Amigo de Rusiñol y José Luis de Vilallonga, adicto a Unamuno, Valle-Inclán, Pio Baroja, Machado y Azorín, mi abuelo, anticlerical y defensor del modernismo y la república, vivía intensamente sus paradojas intelectuales pero se veía superado por aquella realidad. Un colosal gentío presente en toda la longitud de la entonces Avenida del General Franco había sido abducido por un hechizo incompresible. Eran Catalanes, era su gente, era inaceptable e injustificable; insoportable para mi abuelo.


Mi abuela materna, Esther Antich Sarriol, sentenciada a muerte por los vencedores en España y exiliada en Francia, le mandaba cartas de consuelo y esperanza. Luchó cuanto pudo, pero fue demasiado largo, demasiado duro y a mi abuelo se le escapó la vida mucho antes que al odiado dictador.


La realidad es la que es. Uno puede negarla, mentir sobre ella, tratar de ocultarla, enmascararla por los medios más imaginativos y finalmente la “gente” puede ser engañada durante un tiempo. Engañar quiere decir hacer aflorar sentimientos impostados que no responden a la realidad sino a la falsa imagen concebida a partir de la mentira y la propaganda.


Lo malo es que la realidad no se entera de todo eso y sigue siendo lo que es.

Lo peor de una realidad, sea territorial, social o política es que esté inserta en un entorno que no permita su adecuación al paso de los tiempos. Deben existir en cualquier entorno social, medios y caminos que permitan mudar, enmendar y transformar cualquier realidad.

Si las vías de cambio y enmienda existen, no son válidos atajos fuera del entorno que las habilita y permite. Lo contrario es desleal y deshonesto. Lo que era válido en la lucha de mi abuelo no lo es hoy en día, por mucho que la matraca propagandística quiera confundir los tiempos pasados con los presentes. La realidad no es la misma.


Creo que no es malo, incluso bueno ser un poco “somiatruites”. Soñar permite construir realidades virtuales por las que luchar y finalmente transformar legítimamente nuestro entorno. Lo malo es que acabemos siendo crédulos hasta el papanatismo y luego, ya cruzado el horizonte de la racionalidad, obcecados, nos arrojemos al irreflexivo fanatismo, siempre insensato.


martes, 21 de noviembre de 2017

Infinito o ilimitado.

Infinito no es lo mismo que ilimitado, aunque está por demostrar que esto afecte nuestra pequeña vida.
Infinitas deben ser las posibles maneras de ser de una persona pero cada una lo es de una sola.
Somos seres únicos cada uno de nosotros. Cada humano se limita a una manera de ser con sus condicionantes, su consciencia, su personalidad propia, única e irrepetible. Nos limitamos a lo que somos.
Algunos límites son inherentes a nuestra propia naturaleza y nuestro entorno físico, otros nos son impuestos por nuestro ámbito cultural y legal y otros más nos los auto-imponemos por educación y un conjunto de convicciones mas o menos íntimas, tal vez difusamente genéticas, tal vez adquiridas. Hablo de convicciones. No de modas, ni conveniencias ni aquello que social o políticamente se considera mas o menos correcto en un lugar y momento dado. A pesar de las vivencias que acumula la edad  y que nos fuerzan a matizar nuestro comportamiento, algunas de estas convicciones deben anidar muy profundamente en nuestro ser. Es raro que dichas modificaciones sean sustanciales salvo en caso de grave conflicto o enajenación (más frecuente de lo que es admitido).
Todos nosotros somos capaces de traicionar en alguna ocasión alguno de nuestros principios. Dante Alighieri destacó la traición como el más común de los pecados y William Shakespeare la elevó a género dramático. 
No obstante, no es habitualmente una traición frontal; es mas bien un rodeo, un quiebro casi a contra voluntad. Deben existir poderosas razones para ello e incluso así nos hace sufrir salir de nuestro entorno de referencia, de nuestra zona de confort, y buscamos enérgicamente volver a él de forma vital.


Nos sentimos vulnerables e indefensos ante personas que no participan de nuestra escala de valores ni comparten nuestros principios mas esenciales, nuestras referencias naturales. De ahí muchos de los conflictos de la humanidad.


El único límite para el conflicto es la simple concurrencia un mismo lugar y tiempo, de dos personas o más. Supongo que los seres humanos que han sobrevivido a la tendencia al enfrentamiento, son aquellos dotados de mayor espíritu gregario, capaces de aceptar cierto grado de diferencia en ideas e iniciativas con los pertenecientes al grupo que consideran propio.


A medida que la tecnología ha ido proporcionando medios de movilidad y comunicación, se han extendido los conflictos pero también han crecido los grupos que identifican grandes masas de gente con parámetros de referencia comunes.
Poco o nada han disminuido los conflictos desde el ámbito más íntimo de la persona (dentro de la propia familia) a su entorno vecinal y regional. En los escenarios de confrontaciones globales, sus nefastas consecuencias no han cesado de aumentar sobre cada vez mayor número de personas. Tanto entre los implicados directamente en la lucha como en lo que se ha venido a llamar víctimas colaterales.

No todas las disputas tienen origen realmente ideológico. Bien al contrario son las menos sino ninguna. La ideología y la religión son los disfraces preferidos por los mas oscuros y aborrecibles intereses de pequeños grupos que tienen, porque se la arrogan, el poder de movilización de aquellos que, debidamente manipulados, adiestrados y aleccionados, se batirán en nombre de la supuesta  infinita razón que les asiste.

No obstante, la humanidad, como el tiempo, no será infinita. Ni tan siquiera ilimitada. La propia vida formulará otras propuestas y unas especies sucumbirán como siempre ha sido, en beneficio de otras que tendrán su oportunidad de considerarse por un tiempo, eternas.
¡Ja!

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Escucho.


Escucho... Si no se entienden sus palabras, menos entenderemos sus silencios.
Si no entendemos a la persona, menos entendemos a la gente.
Esta sociedad está para un tratamiento psiquiátrico global. La sociología ha sido desbordada y no tenemos amparo en ningún ámbito de razón.
Dicen... Ahora dicen que no era real, ni tan siquiera virtual, que fue un quiero y no puedo, que no eran verdades sino post-verdades, o sea mentiras, embustes y fábulas.
Dicen... Ahora dicen que la preparación no estaba preparada. De lo que dicen solo entiendo el desprecio a la verdad, la altivez, la altanería, la soberbia, la arrogancia y el menosprecio al crédulo gentío que hoy debería reconocer y asumir su parte de responsabilidad moral por cándido, incauto e ingenuo.
Renunciar a razonar debe tener su precio. Algo debemos saldar en nosotros mismos por desistir del sublime don que nos es dado. Algo han puesto en el agua que bebemos en el aire que respiramos y nuestra mente ha enfermado.
Corren tiempos de empecinamiento y vergüenza ajena. El "mantenella y no enmendalla" por pura cerrazón, por simple chaladura que pretende esconder la humillación sufrida. Soplan vientos de locura queriendo inducir al suicidio colectivo. Hemos perdido la confianza, la serenidad, parte de nuestra alegría. Hemos dañado la amistad, la economía, la convivencia y el marco que con tanto esfuerzo logramos levantar.
Me voy por lo "segao" que el resto son zarzas y maleza, bosque y malas hierbas.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Presos Políticos Presos.

A mi entender, un político preso no es un preso político. Un político preso es un político imputado o sentenciado que han preso por saltarse la ley, repetida y voluntariamente. En otros tiempos, he visto presos por lo que pensaban. Era en otras épocas que no son las actuales. Yo sí lo he visto. Muchos de los que ahora se exaltan no lo han visto, y espero que nunca lo lleguen a ver.
Nuestro código penal es, hoy en día, homologable a cualquiera de los países europeos. Ahí radica la diferencia. Quien no lo ve, no lo quiere ver.
Hoy, creo que los que van a la cárcel nunca es por lo que piensan, sino por lo que hacen saltándose la ley. O sea, son delincuentes, investigados o sentenciados. Civiles, políticos, militares o monjes tibetanos; si van a la cárcel son muy probablemente delincuentes. Si la prisión decretada es provisional, durante la instrucción, es básicamente para evitar la reiteración delictiva, prevenir la huida o la destrucción de pruebas.
Por cierto, cabe destacar que hay mucho delincuente fuera de la cárcel, y no al revés. Pero no confundamos los términos; una cosa no invalida la otra. Me he visto durante demasiado tiempo siguiendo costosamente las normas y las leyes, mientras otros se saltaban leyes propias y ajenas, el Estatut y la Constitución. ¿Qué País nos queremos dar?
Me asusta el sentimiento supremacista venga de donde venga.
Nos hemos puesto a pintar con la brocha gorda y eso no es bueno...
Si queréis, mañana me río. Hoy no.