miércoles, 21 de junio de 2017

Checklist pre-vuelo

Para un piloto de vuelo, es vital llenar el saco de la experiencia antes de agotar el de la fortuna y mantener una reserva de buena suerte para los imprevistos. La planificación forma parte del viaje y la evaluación de cada fase antes de pasar a la siguiente requiere una alta dosis de ponderación, sensatez y conocimientos.

Creo que un chequeo pre-vuelo debe priorizar la calidad a la cantidad. No obstante, los chequeos son largas listas de muchos items organizados en secciones concretas y en un orden preciso. Para hacer menos tediosa esta parte del viaje (que se realiza en gran parte en tierra) he intentado eliminar algún punto de revisión en varias ocasiones. Pero al repasar el procedimiento he debido reinsertar el punto para restaurar el nivel de seguridad (único objeto de la lista). Por tanto, la cantidad de pasos a ejecutar no se puede menguar. Hay mucho que verificar y todos y cada uno de los items son importantes.

En cuanto a la calidad, es imprescindible tener a mano la lista por escrito y poder verificar que no nos hemos saltado ningún paso en el orden en que debe ser realizado. Es esencial realizar el proceso con concentración y sin prisas. Una distracción o una excesiva urgencia pueden desencadenar en otro momento del viaje un auténtico desastre. Finalmente, es preceptivo entender el motivo por el cual se efectúa cada una de las comprobaciones. Accionar un interruptor y ver como resultado encenderse una luz, genera el repaso mental de un complejo esquema donde intervienen decenas de elementos que pueden ser vitales (cada uno de ellos) en un momento determinado de las posteriores fases del vuelo.

Cualquier imprevisto en las subsiguientes fases del viaje (especialmente de la carrera de despegue a la toma) puede crear una situación de emergencia y es fundamental contar con sistemas previamente verificados sobre los que descansará la resolución del evento.
Los imprevistos forman parte de la vida diaria, de la propia naturaleza tanto física como humana. Es principal salir cada día de casa con el chequeo bien hecho y con el mejor equipaje físico e intelectual posible para poder afrontar con éxito los imprevistos que nos asalten.

Cuando uno emprende el vuelo, debe contar imperativamente con un pronóstico suficiente, claro y predecible de posibilidades de éxito. Máxime si se embarcan vidas a bordo. Considero una auténtica fechoría enfocarlo de otra manera. El responsable de la decisión de acometer el vuelo es el comandante. La tripulación y menos el pasaje puede arrogarse tal iniciativa ni responsabilidad. Un vuelo no es una intrepidez, una osadía, una audacia ni un juego. 

Si embarcarse en uno de los más de 100.000 vuelos diarios merece tal riguroso proceso, qué no va a precisar una aventura de alto riesgo, sin precedentes y que involucra no a una ni quinientas vidas (como puede ser el caso de un avión), sino a siete millones y medio de personas, la mitad o más, sin haber comprado pasaje.

Esta es otra de las razones por las cuales no voy a embarcar en tu vuelo, honorable Carlos. Juzgo insuficientes tanto las razones para emprender el vuelo como la planificación, los chequeos, la definición de ruta, los datos aportados y la solvencia y preparación de la tripulación. El pronóstico está lejos de ser favorable. Enunciar un destino no es suficiente para asegurar con mínimas garantías de éxito el resultado del viaje. Además, nos advierten desde el resto del mundo, sobre una nefasta previsión meteorológica con una pertinaz sequía a partir del próximo otoño.

Esta vez prefiero quedarme en tierra. En palabras de un excelso instructor de vuelo con quien tuve el honor de volar y formarme como piloto y como persona, "... por muy tedioso que sea, es mejor estar en tierra queriendo volar, que volar queriendo estar en tierra".

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