En un entorno conocido es razonable establecer pautas de acción y reacción en función de sus precedentes resultados. Dichas pautas acaban instalandose como axiomas, creando una zona de aparente confort. Las estrategias ideológicas se rigidizan hasta convertirse en simples actitudes tácticas. Nos acomodamos como sociedad y nos embrutecemos como individuos.
¿Como llegar a entender un contexto inestable que ni tan siquiera existe como tal? Cuando el ámbito se modifica, cuando elementos perturbadores generan dinámicas que no responden a las pautas conocidas, las respuestas son a menudo erróneas y estériles. La lista es larga: subestimar, despreciar, combatir, denostar, ofender...
Por citar solo algunos ejemplos, Hungría, Polonia, Escocia, Italia, Reino Unido y últimamente Estados Unidos. Toda espectativa, toda predicción ha fracasado. China, Rusia, EEUU y Europa se encuentran en un nuevo paradigma aún sin definir y nuestra reacción está en la lista de respuestas erróneas, sin pretender antes entender. Cuando conocer y entender debiera a mi juicio, ser nuestra prioridad.
El empecinamiento no será en ningún caso la actitud correcta para la comprensión del proceso de cambio y no ayudará a establecer un modelo estable. ¿Hemos perdido nuestra capacidad individual de análisis, de duda y reflexión, de libre razonamiento?
Vienen tiempos en que será recomendable rechazar las grandes verdades repetidas por los grandes voceros, estar atentos a la transformación del contexto y escuchar con espíritu crítico los cantos de las sirenas. Que haberlas, haylas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario