domingo, 11 de enero de 2015

Yo no soy Charlie Hebdo.

Yo no soy Charlie Hebdo.
Aborrezco como el que más la barbarie, detesto cualquier violencia y declaro execrable la agresión ni como acto de reivindicación, ni en cualquier otra circunstancia. No obstante, tras haberlo pensado, no me siento Charlie Hebdo.
¿Tiene límites la libertad de expresión? Éticamente seguramente no. Pero legalmente, en todos los Países, tanto de Europa como de otros continentes, definitivamente hay leyes que penalizan según qué temas y favorecen según qué otros. Así, en Francia está prohibido expresar según qué ideas o afirmar o negar según qué hechos bajo pena de fuerte sanción e incluso cárcel incondicional. Solo hay que hurgar un poco en la legislación vigente de cada Estado de la Unión para encontrar en cada País filias y fobias reguladas explícitamente con durísimos castigos. La administración te puede arruinar y encarcelar si infringes sus reglas.
Lo antedicho no pretende justificar acto violento alguno, sino todo lo contrario. Si queremos libertad, evitemos legislar en contra de la expresión, vocablo o declaración de cualquier tipo. Eduquemos a nuestra gente en el ámbito de la libertad, la tolerancia y el respeto, pero evitemos los tópicos impuestos, las expresiones prohibidas, los enunciados vedados por considerarse políticamente incorrectos. A cambio formemos a nuestra gente para evitar la ofensa, la mofa y la sátira que otro pueda considerar insulto. Aprendamos a autorregularnos. Esta sería la mayor libertad.
¿Cómo pretendemos que individuos fanatizados al servicio de estructuras absolutistas entiendan la libertad cuando nosotros mismos la interpretamos de forma sesgada, interesada y al servicio de los lobbies que mayor influencia ejercen en nuestras instancias legislativas?
¿Qué reacción buscamos al provocar al perro rabioso cuya única obsesión es morder? ¿Qué se apacigüe, que se domestique que se convierta nuevamente en el humano que otrora fue? Pues me parece poco inteligente. Debemos aceptar que hay otras culturas que la nuestra, que defienden valores distintos a los nuestros y que nos pueden resultar aborrecibles y contrarios a los derechos básicos de la humanidad y su evolución.
Estoy por combatirlos. Ante todo en nuestra casa, nuestros Países, nuestro Occidente y de forma inteligente. Se deben promulgar nuevas leyes. El que vaya a entrenarse para combatir que no pueda volver. El que se muestre agresivamente intolerante, que se pueda echar. Y adecentemos nuestro hogar, limpiemos nuestra legislación adelgazándola, haciéndola compresible y cumplible. Mostremos hacia dentro y hacia fuera nuestra determinación con inteligencia. Evitemos toda voluntad de ofensa pero abandonemos la mojigatería y el buenísmo cuyos resultados solo nos han debilitado, fortaleciendo por el contrario los núcleos de fanatismo, intolerancia e intransigencia sobre valores que van en la línea evolutiva de nuestro Occidente.
Espero no zaherir a nadie con esta exposición. Es solo exponer porqué yo no me
siento Charlie Hebdo.

2015 01 11 Roger Sangenis.

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