Alucinando (sin hache)
No pretendo dar ni quitar
razones para el desencuentro. El conflicto viene de largo y cada uno tendrá su
juicio sobre sus causas y, en su caso, justificación. De todo este embrollo, lo
más grave es sin duda la fractura que se ha generado en un mismo pueblo,
quebrando convivencia, amistades y familias. El manifiesto empobrecimiento del país no hará
más que profundizar la herida social que tardará años, si no generaciones en
desaparecer.
Mi reflexión es sobre el procedimiento, la manera de hacer las cosas. No se ha evitado ninguna bajeza moral ni retórica demagógica con el fin de explotar la ingenuidad de una parte de la sociedad arropando una difusa identidad en un excesivo número de banderas.
Personalmente aborrezco los nacionalismos de cualquier tipo, grado y escala sin que ello inhiba mi sentimiento de pertenencia al grupo ni al lugar. Los nacionalismos, como las religiones, no precisan de razones para fundamentarse ni para establecer el peligroso sentimiento supremacista.
Mi reflexión es sobre el procedimiento, la manera de hacer las cosas. No se ha evitado ninguna bajeza moral ni retórica demagógica con el fin de explotar la ingenuidad de una parte de la sociedad arropando una difusa identidad en un excesivo número de banderas.
Personalmente aborrezco los nacionalismos de cualquier tipo, grado y escala sin que ello inhiba mi sentimiento de pertenencia al grupo ni al lugar. Los nacionalismos, como las religiones, no precisan de razones para fundamentarse ni para establecer el peligroso sentimiento supremacista.
Me siento catalán. Nací
en Catalunya y vivo en un pueblo de la provincia de Barcelona. Me siento barcelonés.
Habito Catalunya que es una de las principales regiones autonómicas de España.
Me siento español. Me siento europeo y, sobre todo ciudadano del mundo, que
quisiera más justo, más nivelado, más equilibrado y sobre todo más feliz.
Para ser totalmente
sincero, también me siento francés por linaje y educación, por haber vivido infancia y adolescència en el país de los Galos. También acabo sintiéndome un poco de cada uno de
los países que visito, si estoy el suficiente tiempo para sentir la vida y amar. Por encima de todo, soy
y me siento de mi casa. Un lugar donde se habla varios idiomas de forma habitual
e indiscriminada. Se habla, se debate, se discute incluso. Pero sobre todo
se argumenta, se negocia y se pacta sin renunciar, sin ganar ni perder, sin
humillar.
Yo creía que es lo
“normal” entre nosotros. No la norma, sino lo habitual en nuestro país,
Catalunya. Heredamos el "seny" de nuestros mayores, nuestros ancestros, debería anidar en nuestros
genes. Nuestras costumbres nos empujan a dialogar, argumentar, pactar. Hemos
sido comerciantes, trabajadores convencidos, fajadores en la adversidad,
flexibles buscando el trato y pacientes aceptando el arreglo. Ello no nos hace
menos valientes ni nos desmerece en manera alguna, a mi entender. El carácter
catalán nos permite callar sin otorgar y sin por ello renunciar, pensar sin vociferar y sin por ello claudicar, ser dúctil sin
ser blando, sabemos dudar, enjuiciar y resolver sin imponer, sin humillar.
O por lo menos así era en
su gran mayoría la gente que hoy me sorprende, conversa a una nueva tendencia casi una nueva religión, y se ha adherido a propiedades características de otras regiones, otros tiempos
y otras latitudes.
Por ejemplo, el
“mantenella y no enmendalla” en las antípodas de nuestra esencia tradicional,
se ha convertido en fundamental para sustentar una posición enconada sin
suficientes argumentos para convencer, sin datos objetivos para persuadir ni resultado alguno demostrando su bondad.
De otros tiempos, con un
relente sin duda escalofriante, el uso de propaganda machacona hasta la saciedad con la
exageración y el embuste mil veces repetido que debe convertirse en verdad dogmática.
También creía de otros
tiempos el estigma, el escarnio y la deshonra del disconforme, el apabullante
vocerío persecutorio de la masa exaltada cuyo número se interpreta como razón.
Por unos y otros. Sin distinción de bando. El acoso es y debe ser delito y es una actitud altamente reprobable, y no solo en el aspecto sexual.
De otras tierras, otras latitudes, el uso
masivo del ardid, el disimulo, el fingimiento y la farsa como estrategia
aplaudida por una enardecida y entregada parroquia cuya justificación es la
simple consecución del fin a costa de cualquier bajeza.
La imposición del corto plazo, el sectarismo y la exaltación de los sentimientos irracionales en detrimento de la estrategia del largo plazo en favor del bien común de la gente, lo cual siempre ofrece resultados lamentables.
La imposición del corto plazo, el sectarismo y la exaltación de los sentimientos irracionales en detrimento de la estrategia del largo plazo en favor del bien común de la gente, lo cual siempre ofrece resultados lamentables.
No reconozco esta manera
de ser en nuestras costumbres. La falta
de honradez, lealtad y diálogo no puede tener buen fin. La delirante alimentación del mito con el único motivo de adentrarse en la fantasía sin realidad alguna que la sustente, sin recursos, sin estructuras y sin capacidad ni reconocimiento, es evidente que ningún escenario objetivo puede ser alcanzado. Lo sufriremos
todos.
La aventura dejará una multitud (la supuesta mayoría) huérfana de ilusión, carente de líderes y profundamente frustrada. No es un marco que invite a la reflexión. La inercia del proceso profusamente potenciado por un relato heroico y una feroz propaganda aumentará el tiempo de vuelta a la racionalidad. Las inevitables elecciones catalanas tendrán el efecto de una ola rompiendo contra un acantilado donde el desconcierto y los sentimientos heridos prevalecerán.
La aventura dejará una multitud (la supuesta mayoría) huérfana de ilusión, carente de líderes y profundamente frustrada. No es un marco que invite a la reflexión. La inercia del proceso profusamente potenciado por un relato heroico y una feroz propaganda aumentará el tiempo de vuelta a la racionalidad. Las inevitables elecciones catalanas tendrán el efecto de una ola rompiendo contra un acantilado donde el desconcierto y los sentimientos heridos prevalecerán.
Jugar a la política, jugar con la gente con
el fin por delante de la ética, la lealtad y la honestidad es ruin y abyecto.
Antes, ahora y siempre.
La épica de la rebeldía y la ilegalidad no cabe en mandato democrático alguno. La desconexión con la realidad a lomos de una crédula muchedumbre engañada que confía en una mejora de su vida cotidiana, no es de recibo por parte de quien ha sido elegido para administrar y gobernar en beneficio de todos los electores.
Lo que más me preocupa y hasta me asusta, es el retorno de la "supremacía de raza". Se ha pasado del buenismo memo al desprecio sin argumento alguno a todo aquello que no está tocado por la luz y la verdad únicas, oficialmente validadas. El desdén y la burla estúpida ante hechos de calado e importancia con el simple fin de esquivar cualquier razonamiento se impone con una grotesca altivez que menosprecia una procedencia foránea o una disidencia explícita.
La burla final en busca de una falsa clandestinidad que precisa complicidades imposibles, denotará hasta qué punto el ficticio mundo virtual e imaginario construido a base de embustes, engaños y falsedades ha calado en los propios protagonistas de una prolongada y costosa mascarada.
Nada de todo ello nos inmuniza ni nos exime del síndrome de repetición. Dado el alto nivel de propaganda y manipulada desinformación, nuestro pueblo puede verse castigado como Sísifo, el rey de Éfira a repetir la pesadilla una y otra vez.
La épica de la rebeldía y la ilegalidad no cabe en mandato democrático alguno. La desconexión con la realidad a lomos de una crédula muchedumbre engañada que confía en una mejora de su vida cotidiana, no es de recibo por parte de quien ha sido elegido para administrar y gobernar en beneficio de todos los electores.
Lo que más me preocupa y hasta me asusta, es el retorno de la "supremacía de raza". Se ha pasado del buenismo memo al desprecio sin argumento alguno a todo aquello que no está tocado por la luz y la verdad únicas, oficialmente validadas. El desdén y la burla estúpida ante hechos de calado e importancia con el simple fin de esquivar cualquier razonamiento se impone con una grotesca altivez que menosprecia una procedencia foránea o una disidencia explícita.
La burla final en busca de una falsa clandestinidad que precisa complicidades imposibles, denotará hasta qué punto el ficticio mundo virtual e imaginario construido a base de embustes, engaños y falsedades ha calado en los propios protagonistas de una prolongada y costosa mascarada.
Nada de todo ello nos inmuniza ni nos exime del síndrome de repetición. Dado el alto nivel de propaganda y manipulada desinformación, nuestro pueblo puede verse castigado como Sísifo, el rey de Éfira a repetir la pesadilla una y otra vez.
No me reconozco. Alucino
(sin hache). 24/10/2017
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