Nunca me he sentido cómodo hablando Inglés. Por trabajo, para poderme comunicar, para poder expresar en público y ser entendido, no he tenido mas remedio que hablar en este idioma que se ha impuesto en todos los países de habla no inglesa (todos los europeos dentro de poco) que yo llamo "spichinglish" o "cross language". Es ese idioma de vocabulario reducido que permite comunicarse mejor a un español con un polaco, un alemán o un danés, que con un inglés o un americano. Ni Shakespeare ni Ernest Hemingway hubieran podido crear sus obras maestras con tan magro léxico.
Acabo de descubrir uno de los errores que he cometido durante los últimos 60 años. Para decir extrañado, sorprendido, asombrado, chocado; en definitiva, desconcertado, yo siempre he dicho "disapointed". Hoy me siento "disapointed" y me han revelado que eso significa decepcionado, defraudado, perdido. Bueno... tal vez.
Durante los años 30, nadie salía de casa sin un adorable y decoroso sombrero. Ni hombres ni mujeres que tuvieran a bien mostrar un mínimo estatus social mostraban su pelo (o su calva) sin estar cubiertos por un casto techo. La rebeldía de finales de década y seguramente la abstinencia impuesta por la última gran guerra borró muchas de las costumbres de urbanidad y corrección establecidas.
A muchas mujeres y hombres esta liberación les cogió con el paso cambiado. Entre ellos a mi abuela, quien nunca supo salir de casa sin un adecuado tocado, a pesar de su exuberante y larga cabellera debidamente recogida en un recatado moño hábilmente compuesto, prevaleciendo el pudor y la elegancia sobre la desenvuelta naturalidad y utilidad.
"Roger, mets ta casquette", oía cuando salía disparado para ver navegar los veleros en el estanque del jardín de Luxemburgo. Raro momento en que se me permitía soltar la mano de mi estricta abuela. En aquellos años cincuenta, en que el hábito del sombrero ya pertenecía solamente a la gente mayor y los grandes acontecimientos, mi abuela se sentía "¿disapointed?" por mi aversión a ponerme un gorro que me hacía sentir distinto a los demás chavales libres de un opresor adorno sin sentido alguno en los tiempos que corrían.
Durante mi vida mi absoluta prioridad ha sido sentir. Mas que ver, oler, tocar ni oír, a pesar de que la música ha sido siempre fundamental para sobrevivir, sentir ha sido mi necesidad vital. Creía conocer toda la gama de efectos de cualquier impronta, pero a estas alturas descubro que sentirse "disapointed" puede ser síntoma de estar superado por las circunstancias de la actualidad. Nunca he sabido si el mejor camino era pedir consejo a Horatio o hacer el amor a Ophelia...
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