Con Trump, la entrada del elefante en la cacharrería se ha
hecho patente. La decisión de vetar la entrada a los ciudadanos de siete países
musulmanes (¿por qué no está Arabia Saudí?) y cerrar las puertas a los
refugiados mediante una Orden Ejecutiva Presidencial es claramente demostrativo
de lo chapucero, arbitrario, insensible e irreflexivo del proceder de este
pintor de brocha gorda sin experiencia. Sin la mínima preparación organizativa ni
operacional y sin consenso alguno en el propio ámbito político doméstico ni
mucho menos internacional, Donald Trump ha hecho sus primeras grandes cagadas.
¿Qué se esperaba de él?
Interdicciones, pleitos, vetos e inhabilitaciones vendrán a disolver este nuevo terrón de estulticia. (Lo iba a llamar "truño", pero el escrito me parece ya lo bastante escatológico).
Interdicciones, pleitos, vetos e inhabilitaciones vendrán a disolver este nuevo terrón de estulticia. (Lo iba a llamar "truño", pero el escrito me parece ya lo bastante escatológico).
A pesar del profundo respeto que merecen los dramas humanos derivados
de normas injustas que cualquier administración emite descuidadamente de vez en
cuando, el caso Trump pone de manifiesto un hecho incontestable. La gente está harta,
hasta las narices. Desorientados por falta de referentes, engañados por la
derecha, por la izquierda, por arriba y por abajo, estrujados fiscalmente,
empobrecidos social y económicamente, buscamos nuevas formas de protesta hasta
la exasperación irracional. Exploramos con total desprecio
al riesgo hasta los extremos de uno y otro signo ya que el sistema ha permitido llevar la situación al exceso. Nos han arrastrado al borde del precipicio y nos hemos asomado tantas veces al vacío que le hemos perdido el respeto.
Ahora una miríada de protestas, condenas, declaraciones de
altísimas autoridades y campañas de todo pelaje no deberían hacernos olvidar la
raíz del problema. A mi juicio, Trump es
otro síntoma. El problema es que el sistema que intenta sobrevivir a su
propio colapso, seguirá dañando a los ciudadanos del mundo mientras no se
encuentre un nuevo rumbo y un nuevo modelo que permitan relanzar al individuo
donde moren nuevamente los valores que el actual sistema ha desvirtuado,
corrompido y desperdiciado por avaricia, en beneficio de sus dueños.
No lo veo fácil. Se necesitan grandes dosis de inteligencia,
trabajo, sensibilidad y pragmatismo durante mucho tiempo para preparar un nuevo
entorno que permita generar un proyecto alternativo al sistema actual en
descomposición.
La ONU que desde finales de 1.945 ha dilapidado su oportunidad
junto con ingentes recursos, ha traicionado su carta fundacional y con ello a
la humanidad que pretendía representar. Hoy en día no es más que un elemento
más del sistema. Habrá que buscar una nueva ocasión y esperar algunas
generaciones más para que, con suerte, surja una nueva organización que tenga
su oportunidad. Esperemos que no sea necesario alumbrar tal institución al
calor de una nueva confrontación bélica global. Aunque la actual situación de
terrorismo universalizado podría muy bien ser la nueva forma de una guerra
mundial. Mucho más compleja. Sin frentes, sin tiempos y sin líderes permanentes
a los que decapitar.
Einstein comentó repetidamente que no sabía como sería la tercera guerra mundial, pero si existiera una cuarta, volvería a ser a base de palos y piedras.
Einstein comentó repetidamente que no sabía como sería la tercera guerra mundial, pero si existiera una cuarta, volvería a ser a base de palos y piedras.
Cuando algo humano ocurre, a alguien beneficia. Es lamentable que habitualmente beneficia a unos pocos y perjudica a otros muchos. Como dice Hércules
Poirot, si encuentras el motivo sabes quién es el asesino.