domingo, 29 de septiembre de 2013

Córcega y Cerdeña en moto 2013

Setiembre 2013

Reconociendo que cada uno ve lo que ve y no lo que hay, y siente de forma distinta a los demás (por suerte somos individuos únicos y no piezas de serie como desearían los que mandan), tras un cierto reposo, estoy en disposición de contar mi experiencia del recorrido en moto que hicimos hace unos días.

Nos apuntamos a una salida organizada por Travelbike, por Córcega y Cerdeña, saliendo de Barcelona un Viernes en Grimaldi Lines y volviendo el Sábado de la siguiente semana. No voy a nombrar a los participantes por discreción, pero debo reconocer que tuvimos suerte con el grupo. Cuatro parejas y tres solos, siete motos, once personas y buena sintonía general con un Vasco cuya empatía cohesionaba el conjunto y facilitaba el entendimiento. (¡Gracias, Patxi!). El guía, todo voluntad y tesón, con un conocimiento limitado del territorio, pero con una magnífica disposición y entrega al grupo, amable y contemporizador.

Tras una plácida travesía un tanto anodina, desembarcamos en Porto Torres (Cerdeña) a eso de las 11.30 de la mañana. Nos dirigimos a lo largo de la bonita costa norte de la isla por la SP90 a Santa Teresa di Gallura, donde comimos ligeramente y embarcamos hacia Bonifaccio (Córcega). Quedaba claro que no era un periplo gastronómico. Lo importante era el territorio a descubrir, el grupo y hacer moto por rutas divertidas e interesantes en muchos aspectos.

De Bonifaccio a Isolella por la N196 cuya nomenclatura no debe engañar, ya que en los 160 kms hay curvas de todo pelaje y casi sin descanso. Paramos en Sartene, precioso pueblo en lo alto de un promontorio que separa las bahías de Cala Figari y de Propiano, para tomar un café mediocre. Es curioso que la calidad del café cambie tanto con solo cruzar una frontera. No obstante la bollería era deliciosa y el casco antiguo de la población muy agradable. Luego, la revirada bajada a Propiano, la subida hasta Bicchisano, descenso a Ajaccio y una amena carreterita que nos llevaría al Hotel donde nos hospedaríamos en Córcega y desde el cual se harían las rutas planificadas. El hecho de centrar en un solo lugar la partida y llegada diarias de las rutas tiene como ventaja la comodidad indudable y el inconveniente de una cierta reiteración de los tramos iniciales y finales de cada jornada.

La cena permitió acabar de cohesionar el grupo generando una actitud tolerante ante la individualidad de cada uno, con un pronóstico de agua si o si, para el siguiente día. Merece la pena mencionar que de las 7 motos, cinco eran BMW (1 GTL, 1 RT y 3 GS de distintas generaciones), una Ducati (Multisatrada) y una Honda (Goldwing). Ninguna de ellas tuvo problema alguno y se adaptaron perfectamente al sinuoso recorrido. Me sorprendió gratamente la Goldwing que yo creía menos polifacética, ratificando también que el piloto es una parte de gran peso en las prestaciones de la máquina.

El día siguiente amaneció lúgubre y amenazador. Hubo quien se quedó en el hotel, quien optó por un trayecto corto con visita a la ciudad de Ajaccio, ciudad natal de Napoleón Bonaparte, y los más aventureros se lanzaron a la ruta prevista bajo algún que otro aguacero, sin mayores consecuencias. Estos últimos pudieron admirar las rojas formaciones rocosas de la costa de Porto.

El tercer día, con un tiempo espléndido, se dedicó a descubrir la rica variedad de montaña de la isla. Córcega es un cacho de Alpes arrojado al Mediterráneo (más bien emergido de él). Para realizar lo abrupto que llega a ser el terreno, valga el dato de que el Monte Cinto (2.706 mts) se encuentra a tan solo 17 kilómetros en línea recta de la costa. Jornada motera por excelencia, subimos a Corté, pasamos del calor soleado a la niebla helada, recorrimos las gargantas de Santa Hermenegilda, coronamos el puerto más alto de la isla (col de vergio), saciamos nuestra hambre con un plato de ragú de ternera con pasta en Evissa y descendimos por la sinuosa D70 hasta Sagone donde tomamos un refresco a orillas de un mar que se mostraba cada vez más revuelto. Luego una visita fugaz a Ajaccio, la gruta de Napoleón, las islas Sanguinarias y un rocambolesco recorrido en todas las direcciones (sic) hasta llegar nuevamente al hotel, donde nos esperaba un menú compuesto por… ¡un magnífico plato de ragú de ternera con pasta!
El viento arreciaba y la previsión era de rachas huracanadas y fuerte marejada aumentando a mar gruesa y muy gruesa durante el día siguiente. Habiendo navegado por aquellas aguas y conociendo su dureza, no me cabía duda en cuanto a las consecuencias sobre el recorrido previsto del siguiente día que nos debía acercar a Bonifaccio, para cruzar nuevamente el estrecho de este nombre y regresar a Cerdeña.

Efectivamente, tras un recorrido sacudido por fuertes rachas de viento, acabamos frente a un simple letrero donde se anunciaba “hoy no hay barcos”; sin más. La naviera cerrada y con nula información, aprovechamos para ir a conocer Porto Vecchio, que bien se lo merece. Javier, el guía, era de lejos el que más sufría y se movió de lo lindo para solventar los problemas que esta situación ocasionaba al grupo (¡gracias, Javier!). La respuesta de Travelbike, no muy apreciada y me temo que no recuperaremos los gastos que este avatar nos ocasionó. La respuesta del grupo, en cambio, fue magnífica; ¡a las penas,” puñalás”! Una buena cena, unas buenas risas y a dormir, que mañana veremos.

Por mi parte debo destacar la belleza de un rincón llamado Cala Santa Giulia al sur de Porto Vecchio, lugar que invita a volver en contraste con la tosquedad del carácter áspero y a veces grosero de algunos personajes que regentan curiosamente establecimientos dedicados al turismo, fuente básica de sustento de la isla entera.

Al día siguiente, una vez más, nuestro esforzado guía se movió, y acompañado por un voluntarioso y madrugador integrante del grupo, logró incluirnos en el único transbordador que cruzó este día el estrecho de Bonifaccio. Tras una travesía movida pero mejor de lo que esperábamos, desembarcamos en Santa Teresa y nos dirigimos a nuestro hotel de Cerdeña, cerca de Trinitá d’Agultu, llamado La Tana di li Mazzoni. Un hotelito sencillo pero con encanto y donde encontramos toda la cordialidad que despliegan los amables y simpáticos Sardos, que contrasta con el adusto carácter de los ariscos Corsos. Tras una muy agradable comida, fuimos a admirar el duro embate de las olas contra la bonita Costa Paradiso y luego fuimos a visitar Castelsardo, cuyo único encanto, a mi entender, es la fortaleza que corona un fiero peñasco que se adentra ligeramente en las aguas del estrecho. Nada aconsejable la circulación en moto por el casco antiguo cuyas empinadas cuestas empedradas y giros imposibles descabalgan fácilmente al motero poco advertido.

Durante el siguiente día de moto nos deleitamos con la ruta a Palau, circunvalar la isla de La Madalena cuyas calas atesoran los mejores rincones que he visitado en esta salida, un vistazo a la isla de Caprera, donde nació Garibaldi, comimos en un simpático bar de Arzachena y bajamos por la SP59 costeando hasta Porto Cervo. Luego el grupo se dividió, con el grueso de las fuerzas hacia Tempio por la sinuosa SP136 y unos pocos en busca del codiciado coral rojo de la zona, nuevamente hacia Palau. ¡Estos últimos, llegaron al hotel no solo más tarde, sino también más ligeros de bolsillo!

La mañana siguiente amaneció con un espléndido tiempo y nos dirigimos a la playa más cotizada de Cerdeña, de aguas turquesa, arena blanca, rematada en el estrecho de Stintino por un islote que le da nombre: “Torre Pelosa”. Hubo quien valientemente se bañó, otros se remojaron los pies, y otros se refugiaron en la calidez de una magnífica terraza que ofrecía además de un merecido refresco, una vista de las que se fijan en la memoria para poder soñar durante los fríos días de invierno. Sin tiempo para más, nos dirigimos a Cabo Caccia y los mejor dotados bajaron (y subieron) los 654 escalones de la Gruta de Neptuno. El mar residual de la ventada de los anteriores días no permitió la entrada a la gruta mediante las embarcaciones al uso. Una vez repuestos del esfuerzo de aquellos que se atrevieron a la excursión, recorrimos la “strada provinciale” SP55 por la maravillosa bahía di Conte, admirando la playa Mugoni en dirección a Alghero y recorriendo una extraordinaria Via Lido hasta la entrada de la muralla de la Ciudadela que desemboca en la zona de los “Palazzos” (y también de las más concurridas tiendas de abalorios, souvenirs y floripondios). Tras un buen rato de cruenta lucha por conseguir el mejor perifollo al mejor de los precios y un par de sabrosos helados de tartufo y stracciatella, partimos de la ciudad para nuestra penúltima ruta hacia Sassari.

Poco queda por relatar. El madrugón, el tramo aún de noche cerrada hasta Porto Torres para embarcar. Destaco la suerte de encontrar entrañables personas en un grupo de fortuna sin un solo descontento ni un simple desafino. ¡Es espléndido haber formado parte de este magnífico equipo!

Para aquellos que no conozcan estas islas, les puedo asegurar que merece la pena ir en plan motero, ya que las carreteras son excelentes para este uso. Las rutas (tanto interiores como de costa) son muy agradables, variadas y divertidas. Sin duda alguna, repetiré Cerdeña para rematar la faena (no llegamos a conocer ni el 50% de sus costas) y disfrutar del carácter afable y cordial de sus habitantes.

Hasta siempre, amigos.



lunes, 29 de octubre de 2012

Estado

Estado.

No es que quiera calentarme la cabeza sin objeto. Deseo estructurar razonamientos entorno a una problemática que, si bien no es postiza ni reciente, se está imponiendo con cierto atropello por parte de políticos y periodistas. Dado que desconfío de ambas sublimes castas, se me antoja urgente documentarme sólidamente antes de que me coman más el tarro.


A sabiendas de que las cosas evolucionan, la historia es condenadamente reacia a cambiar su curso salvo intervención masiva de la estupidez humana, cuyo efecto habitual más destacable es el derramamiento de sangre. Cabe recordar el reciente incremento de la tasa de suicidios en algunos países de Europa. No solo en las guerras, declaradas o no, muere gente de forma violenta, pero si masivamente y de modo organizado.


A lo que voy (por ahora) es al concepto de Estado. ¿Qué es un Estado? ¿Cómo se constituye? Me he puesto a releer algunos autores casi olvidados y a buscar documentos que no conociera (y asusta la cantidad y la facilidad de dar con ellos), buceando a no demasiada profundidad en estanterías físicas y el océano virtual de internet.


Hay conceptos coincidentes y otros complementarios e incluso algunos divergentes o contrapuestos en las distintas definiciones de los distintos autores. Me intereso más por la praxis del Estado moderno que por las teorías históricas que ya formulaban Egipcios, Persas y Griegos, pero no quiero olvidar que fue Maquiavelo (en su obra “El Príncipe”) quien introdujo en un idioma moderno la palabra “Stato” (Estado en italiano), por primera vez. El autor que introduce en un idioma moderno una nueva palabra dentro de una obra relevante, y ésta permanece, formula un nuevo concepto en su ámbito cultural. Sigmund Freud incluyó las palabras “Tótem y Tabú”, jamás utilizadas anteriormente en occidente y cuyos significados eran compendios conceptuales difícilmente expresables en los idiomas modernos.


Me remito pues a la primera formulación de la palabra moderna “Estado” cuyo sentido era el de una organización basada en población, territorio y dotada de estabilidad mantenida en un statu quo mediante el uso de la fuerza. Por tanto el sentido inicial de la palabra comporta la imposición endógena dirigida a sus propios súbditos, atribuyéndose el poder establecido, la exclusividad en el uso de la fuerza. En el siglo XIX Franz Oppenheimer define el Estado como “la institución social impuesta por el grupo victorioso al derrotado, con el propósito de regular su dominio y de agruparse contra la rebelión interna y los ataques del exterior”. Aún más terrible me parece la definición de Karl Marx “El Estado no es el reino de la razón, sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder…”


El más alentador de los enunciados define el Estado como una organización de carácter social y territorial cuya principal finalidad es el bien público en contraposición con el particular e individual. Dicha organización ejerce su poder de mando mediante la imposición de órdenes. La jerarquía de las órdenes, según dice Dabin, "está determinada por la jerarquía de los fines". Esto no quiere decir que dentro de la estructura constitucional de diversos Estados, el poder no tenga diferentes manifestaciones y que no existan diferentes estructuras de autonomía dentro del Estado, como sucede en el Estado Federal. Pero aun en estos casos en que existen esferas de autonomía, como son los Estados particulares, en los llamados Estados miembros de las Federaciones o Confederaciones, siempre existe un órgano, que es el que posee el poder supremo, por encima de esos poderes particulares. (Poder de categoría superior). Existe siempre una jerarquía y en lo alto de esta jerarquía, la cúspide del poder, se encuentra la soberanía.


Si me pongo a pensar donde reside la soberanía de las muchas órdenes de las que derivan las obligaciones a las que los ciudadanos estamos sujetos, obligados – forzados sería la palabra - de forma directa, indirecta o subordinada, me entran escalofríos y se me agria el aliento. Partes sustanciales de soberanía residen en instituciones supra nacionales y supra estatales cuya finalidad puede apartarse sensiblemente de la anterior definición de Estado.


De estas y muchas otras definiciones, se infiere que el Estado está basado en la fuerza para defender su estabilidad tanto hacia su propio interior como frente al exterior de su territorio. Por tanto detenta la exclusividad en el uso de la fuerza en su territorio.


Según la ONU, hay 243 entidades territoriales con características de País o Nación, aunque sólo 194 de ellas son reconocidas como Estado por la mayoría de la comunidad internacional, siendo miembros de la ONU 193 de ellos (Ciudad del Vaticano es observador no miembro).


Hay en el mundo 49 entidades nacionales no reconocidas pero si consideradas por la comunidad internacional. Diez de estas entidades son definidas como Estados según el derecho internacional consuetudinario, tras el precedente establecido en la Convención de Montevideo (1.933) que, en su primer artículo declara el estado como persona de Derecho Internacional que debe reunir los siguientes requisitos: I. Población permanente.     -II. Territorio determinado.  - III. Gobierno.  - IV. Capacidad de establecer relaciones permanentes con los demás Estados.
El artículo 3 de dicha Convención afirma explícitamente que "La existencia política del Estado es independiente de su reconocimiento por los demás Estados." Este principio es conocido como la teoría declarativa de estado. No obstante, según la teoría constitutiva de estado, un estado existe sólo cuando tiene el reconocimiento suficiente como tal por parte de otros estados. En la práctica, un Estado solo toma personalidad jurídica cuando es reconocido como tal por la gran mayoría de los demás Estados que forman la comunidad internacional de Estados independientes y no es objeto de veto por parte de ninguno de los calificados para ello.


Las diez entidades definidas como Estados sin el debido reconocimiento internacional son las siguientes:


- Abjasia, región de Georgia autoproclamada independiente, reconocida internacionalmente sólo por Nauru, Nicaragua, Rusia, Tuvalu, Vanuatu y Venezuela, además de por los estados no reconocidos de Osetia del Sur, Transnistria y Nagorno Karabaj.
- Nagorno Karabaj, independiente dentro de Azerbaiyán, reconocida internacionalmente solo por los estados no reconocidos de Abjasia, Osetia del Sur y Transnistria.
- La República Turca del Norte de Chipre, sólo reconocida diplomáticamente por Turquía.
- Kosovo, provincia autónoma en territorio serbio que ha declarado unilateralmente su independencia, diplomáticamente reconocida por 91 estados miembros de Naciones Unidas. Serbia, entre otros, niega su independencia, que no ha sido reconocida por la ONU, a pesar de haber sido de facto un protectorado de esta organización.
- Osetia del Sur, región de Georgia autoproclamada unilateralmente independiente, reconocida internacionalmente sólo por Nauru, Nicaragua, Rusia, Tuvalu y Venezuela, además de por los estados no reconocidos de Abjasia, Transnistria y Nagorno Karabaj.
- La Autoridad Nacional Palestina, una región árabe autónoma en la región de Palestina, miembro de la Liga Árabe y la Organización de la Conferencia Islámica, reconocida por más de 100 países miembros de la ONU y observador permanente en la misma, con soberanía parcial sobre sus territorios, el 31 de octubre de 2011 fue aceptada como miembro de pleno derecho en la UNESCO, siendo respaldada por 107 países frente a 14 votos en contra y 52 abstenciones.
- La República Árabe Saharaui Democrática en el Sahara Occidental, miembro de la Unión Africana y de la Alianza Estratégica Afroasiática conformada en la Conferencia de Bandung de 2005, reconocida por 81 miembros de la ONU, pero nunca admitida por ésta, con la mayor parte de su territorio bajo administración de facto de Marruecos.
- Somalilandia, independiente dentro de Somalia, pero sin reconocimiento internacional alguno.
-Taiwán (República de China), que por su Constitución se auto considera el gobierno legítimo de toda China, aunque formalmente ya no aspira a controlar la China continental; a finales de 1971 fue sustituido como miembro de la ONU y en el reconocimiento mayoritario por la República Popular China, pero actualmente es reconocido por 22 miembros de la ONU y por la Santa Sede, y tiene relaciones internacionales de facto con muchos otros países.
- Transnistria, región de Moldavia autoproclamada independiente, sólo reconocida por los países no reconocidos, Abjasia, Osetia del Sur y Nagorno Karabaj.
Los otros 39 territorios considerados tienen población nativa y son dependientes de Estados reconocidos, entre los cuales se cuentan territorios externos, estados libres asociados, colectividades de ultramar e incluso comunidades “sui generis” como Nueva Caledonia.
No son territorios considerados aquellos que no tienen población nativa, como Antártida, Atolón Midway, Islas Sandwich o Georgias, etc. Tampoco son considerados aquellos Países, territorios ni entidades que forman parte de Estados miembros de la ONU (Escocia, Inglaterra, Gales, Irlanda del Norte – que pertenecen a Gran Bretaña- así como Quebec, Flandes, Martinica, Reunión, Guadalupe, entre muchos otros).


De todo ello deduzco que el tránsito de territorio nacional a estado, salvo proceso bélico, es una transformación cuyo procedimiento dura decenas de años si no siglos, venciendo toda clase de inercias e intereses visibles y ocultos.


Las diez entidades definidas como Estados sin el debido reconocimiento internacional han vertido sangre humana propia y ajena durante años para ser considerados como tales. Todos ellos.


No he encontrado en la historia de la humanidad el antecedente de ningún pueblo y territorio cuya riqueza fuera superior a la media del estado al cual pertenecía, que lograse su independencia sin provocar casus belli y el consiguiente derramamiento de sangre. Si existiera tal precedente creo que sería útil e importante conocerlo. En todo caso, para mí, humildemente, la presente recopilación de datos es sustancial y relevante.


Si la máxima expresión de un Estado es la fuerza, explícitamente para la preservación de su principal finalidad, el bien común y su integridad territorial, los medios lícitos usados por el Estado para mantener su estabilidad interna y defensa externa son los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y su ejército.


Ningún Estado carece de cuerpos y fuerzas de policía para mantener el orden interno y la estabilidad de su esencia. Existen 25 de las 204 entidades definidas como Estado en el mundo, carentes de organizaciones suficientes para ser consideradas fuerzas armadas propias (cuyo principal fin es la defensa del estado frente a amenazas externas).


La gran mayoría de los países sin fuerzas armadas son islas (Barbados, Dominica, Granada, Haití, Islandia, Kiribati, islas Marshall, isla Mauricio, Micronesia, Nauru, Palaos, islas Salomón, Samoa, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Tuvalu y Vanuatu) o micro estados (Andorra, Liechtenstein, Mónaco, San Marino y Ciudad del Vaticano). Todos ellos están bajo la protección de otros Estados dotados de fuerzas armadas, mediante tratados internacionalmente reconocidos.


Por proximidad, me parece relevante el caso de Andorra que no tiene fuerzas armadas propias siendo su defensa responsabilidad de España y Francia mediante sendos tratados, de índole muy similar y cuya última actualización, en ambos casos, está fechada en junio de 1.993. Dichos tratados garantizan la intervención de ambos estados ante una amenaza exterior, emergencias y/o desastres naturales. Andorra es un país insólito ya que la jefatura de su estado (donde reside supuestamente la soberanía real), es compartida por el Presidente del estado vecino Francia y del Obispo de La Seu d’Urgell, municipio y obispado colindante del vecino estado de España.


Después de lecturas y reflexiones ¿Para qué sirve un Estado? Esta es la pregunta básica, y la respuesta no es alentadora. Un estado sirve ante todo para el sostenimiento de su permanencia, su organización e integridad territorial y el cumplimiento de sus órdenes por parte de su población. En una democracia la soberanía, supuestamente, dimana del pueblo, quien, mediante elecciones, elige a sus representantes para que gobierne el Estado.


La casta dominante ha ideado durante siglos miles de disfraces para mantener su estatus. Su organización es diversa. Tribus, dinastías, familias, linajes, partidos, todo vale para conservar el poder. La democracia no es más que una máscara más, con una justificación intelectualmente más sofisticada pero sin un ápice de renuncia por parte de las castas dominantes. 


Llego a la conclusión que el Estado, en nuestro caso, es además un ardid de aquellos que tienen el poder de poner y quitar nombres de las listas cerradas de los partidos que se presentan a las elecciones.  Luego, los elegidos por el pueblo, sabedores de que su deuda es con quien le ha puesto en la lista, se someterá a las órdenes que de éste provengan. En todo caso el pueblo habrá perdido toda su soberanía y el engaño habrá surtido plenamente su efecto.
“Un súbdito debe obediencia a su rey por haber nacido o haber sido sometido por el reino (y por la gracia de Dios).” 

En democracia el efecto es el mismo salvo que de forma más sutil, el ciudadano ni tan siquiera sabe quien ostenta la soberanía real de donde proceden las órdenes a las cuales está sometido. Puede ser el consejo del banco mundial, del fondo monetario internacional, del banco emisor, el consejo europeo, el parlamento, una y mil agencias supra estatales o cualquier otra organización de carácter económico o político-económico. 

Los consejeros, comisarios o gerifaltes de dichas instituciones, que ejercen la soberanía real en todo el mundo nunca han sido elegidos por un inculto pueblo ni tan siquiera, en la mayoría de los casos, por sus representantes directos. Los méritos para pertenecer a esta super-casta es un complejo entramado de intereses compartidos por los que ostentan realmente el poder y la soberanía en el mundo. “¿Los mercados?” No tengo duda que detrás de esta pantalla se ocultan personas de carne y hueso, familias que detentan una inconfesable masa de riqueza a nivel mundial.


Antiguamente un rey o un dictador, en quien residía la soberanía del estado, podía de vez en cuando perder su cabeza bajo un hacha o una guillotina. Hoy el poder se ha elevado dos escalones, designa quienes ejercen la soberanía (sus hombres de paja),  quienes a su vez, emiten órdenes a los gobernantes de los estados. El poder se ha escondido tras una trama densa y opaca, cuyo altísimo coste de mantenimiento es costeado por … el pueblo “soberano” ¡ja!


Actualmente la casta imperante de un estado está formada por gobierno y oposición, grupos variables heterogéneos que alternan sus funciones pero cuyas familias son garantes de la fiabilidad requerida para la permanencia del conjunto. El grupo temporalmente en el gobierno del estado por una parte se ocupa de mantener el statu quo para que la alternancia del mando se mantenga dentro de las familias de su propia clase política. Por otra, está sometido a las órdenes procedentes de los entes superiores (en nuestro caso, Europa, el FMI, el banco mundial, la comunidad internacional, los “mercados”, la ONU, etc. etc.). Dichas órdenes son implantadas en el ordenamiento jurídico del estado, matizadas por la ideología del grupo mayoritario en el gobierno del momento.


El estado, con el fin de blindar su permanencia, además de los cuerpos y fuerzas de seguridad, instituye y sostiene organizaciones y poderes de muy distinto pelaje. El gobierno y la propia administración del estado son las principales. Formados por entidades complejas y distribuidas en múltiples capas, emiten y transmiten órdenes, pero también ejercen la fuerza para obligar a su cumplimiento (congreso de diputados, senado, ministerios, fuerzas y cuerpos de seguridad, fuerzas de defensa, servicios más o menos secretos, embajadas, delegaciones, comunidades, diputaciones, consejos comarcales, consejos comunales, ayuntamientos, empresas públicas y semi-públicas, cámaras de comercio, y otras falsas y serviles congregaciones de la sociedad civil). Hoy las grandes empresas, pesebres preferidos del flujo de puertas giratorias, han sido dotadas de un apabullante armazón normativo y son tan temibles como la propia administración fiscal del estado.


Los sindicatos, títeres actuando de rémoras, aportan la coartada base del estado social. El poder judicial, con sus órganos de poder, jueces y magistrados nombrados directa o indirectamente por el poder político y con una prepotente y ensalzada supuesta independencia, confiere al estado su fundamento de ”estado de derecho”. La manifiesta connivencia con banqueros, financieros, periodistas y voceros de toda calaña, completa la estructura de una madeja inextricable de intereses ocultos y lealtades encubiertas que forman de facto el sistema de poder dentro de un Estado.


Una característica común a los organismos de un estado es el poder de endeudamiento, lo cual constituye uno de los mayores fraudes del sistema. El ciudadano paga impuestos directos e indirectos, bajo un nombre u otro, suponiendo inocentemente que su valor les será devuelto en forma de prestaciones comunes, inversiones y servicios. La presión fiscal ejercida por un gobierno es un factor relevante en la valoración del partido que representa a fin de obtener votos por su eficiencia. Pues resulta que el valor de las  prestaciones en servicios de los organismos a una u otra comunidad poco o nada tienen que ver con los impuestos que pagan. Al menos de forma directa e inmediata. Cualquier alcalde, presidente de comunidad autónoma o el propio gobierno puede endeudar a su población, obteniendo recursos del “mercado” (generando deuda) y gastar dichos recursos favoreciendo los intereses mayormente inconfesables de partidos políticos y grupos de presión (básicamente económicos, pero también sociales). Los gobernantes hacen pagar impuestos pero también endeudan a futuras generaciones que deberán pagar al “mercado” las prestaciones, inversiones y “favores” que reparten a su antojo en el presente. Una vez más, todo vale para mantener el poder aunque sea en el corto plazo.


El pueblo, en su calidad de individuo llamado ciudadano, se pierde en sus primeros pasos por el laberinto elaborado por el sistema a fin de que jamás encuentre el camino de la razón ni la justicia real. El ciudadano, según los gobernantes, no precisa entender el estado. Se le pide, se le exige el simple cumplimiento de las normas y obligaciones emitidas por el estado y sus organizaciones. El propio estado legisla para establecer una asimetría de derechos que obliga a su organización jurídica a fallar a su favor sin recurso a la razón ni al sentido común.


A mi entender existen seis poderes dentro del estado. Los tres poderes reconocidos son el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial con su entramado laberíntico de agencias, organizaciones, instituciones, fundaciones, organismos y empresas. Los medios de comunicación masivos regentados por grupos adscritos servilmente al poder establecido, y con la función de divulgadores, creadores de opinión, manipuladores y voceros, son reconocidos como el cuarto poder.  


Se cita a menudo el poder económico – el quinto – sin reconocerle su función vertebradora de toda la sociedad mundial. Los intereses defendidos por las entidades internacionales (mal llamados mercados) imponen sus órdenes desde estados y sus gobiernos al simple individuo, presa fácil propiciada por la legislación y las normativas al uso emitidas por toda administración. Así, es obligatorio tener una cuenta bancaria para pagar alquiler, hipoteca, impuestos, servicios básicos, etc. El pago en efectivo está estrictamente limitado con la excusa del control fiscal. ¡Cuán fácil sería eliminar radicalmente el papel moneda y substituirlo por una cámara oficial de compensación electrónica en el ámbito de cada divisa! El ciudadano acaba pagando comisiones, e invirtiendo sus ahorros en estafas promovidas por instituciones financieras, secundadas y cubiertas por la envolvente legal necesaria para su inmunidad. Por encima del bien y del mal, arropando todo el entramado político y social, este quinto poder debería ser llamado el primero sin discusión alguna.


A mi entender, existe un sexto poder, edulcorado, amañado, domesticado, sometido y avasallado que es el pueblo, al que aduladoramente, llaman soberano. Es un poder telúrico temible en sus manifestaciones explosivas que son reconducidas mediante el uso de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado. Solo de vez en cuando, en función de la debilidad del gobierno, del agotamiento social y la desesperanza, fragua un movimiento caótico que pone en jaque la esencia misma del estado con  procesos cruentos y de dudoso éxito ya que solo producen un cambio de familias en las castas dominantes. El sofisticado sistema democrático ha diseñado vías de escape para la presión social, a fin de evitar en lo posible su estallido. Los derechos regulados y limitados de expresión, reunión, manifestación, las consultas y referéndums no son más que válvulas controladas de escape. No deben confundirse con los procesos electorales, que no son más que la coartada necesaria para la supervivencia del sistema dentro del estado democrático. En algunos países de nuestro propio entorno, votar en unas elecciones, ya no es un derecho sino un deber para el ciudadano que para eso es soberano, como está mandado (sic). ¡Es horripilante que un derecho se torne deber bajo amenaza de sanción pecuniaria!


La esencia del estado es, en definitiva la de la vida misma. Desde la simple célula a la más compleja estructura formada por la vida; su principal finalidad es su continuidad, su perpetuación. No es intrínsecamente bueno ni malo, forma parte del macro sistema mundial de organizaciones socio-territoriales.


Lo que se muestra execrable, es la utilización en beneficio propio de la estructura de estado por parte de grupos minúsculos de personas poseedoras de las más inmensas fortunas del planeta y la connivencia voluntaria o forzada de las castas dominantes de organizaciones y poderes, en detrimento del bien común y la felicidad humana.


Por ello condeno a esta panda de atroces chorizos, ruines, ambiciosos, avaros, usureros y crueles asesinos, a vivir eternamente con mi desprecio y mi repulsa.

Releído hasta aquí, abandono este documento, ya que una vez más, mis pesquisas y mi ansia de saber no ha colmado ningún hueco intelectual, ni aportado ninguna satisfacción.


Millones de personas honradas forman decenas de miles de gobiernos embebidos en centenares de estados deshonestos. En algunos de sus eslabones se va perdiendo la virtud y se incorporan vicios y defectos que acaban en corrupción e inmoralidad gangrenando el sistema, permitiendo la degeneración de sus fines y, a la postre, que imperen los intereses de diminutos grupos de seres inmensamente ricos en detrimento del planeta y de la felicidad de la especie humana.











martes, 6 de septiembre de 2011

BERLIN EN CUATRO PALABRAS - Preparando el viaje de los 18 años de mi hijo Derek - Junio 1.991.

En cuatro palabras, Berlín.

Si de España pudiera contar la historia en cuatro palabras, para la de Alemania cuatro letras bastarían. No obstante, Berlín fue ciudad antes que Prusia reino y mucho antes que Alemania estado. Un vistazo al escudo de armas de los Hohenzollern, simple, monocromo y de rígida simetría nos hace intuir una procedencia alejada de toda sensibilidad y sofisticación.

Pequeñas hordas de Eslavos y Teutones se corrieron a palos entre los ríos Elba y Oder, hasta bien entrado el siglo X, ignorando la pretendida invasión romana. Desde los primeros esfuerzos de Otto I “el grande” coronado por el Papa Juan XII en 991 hasta una cierta colonización estable con dimensión política e importancia económica basada en Brandenburgo y centrada en Potsdam, transcurrieron más de tres siglos.

La primera mención conocida del distrito de San Nicholas, dependiente de Spandau y estado embrionario de Berlín, data de 1.251, dos siglos después de las hazañas de Rodrigo Díaz nacido en Vivar, nuestro Cid Campeador.
Poco antes del 1.300, Berlín se convirtió en la primera ciudad al Este del río Elba, con cerca de 4.000 habitantes. Benedictinos, Franciscanos, Cistercienses y Judíos incrementaron su presencia y gestaron con la absorción de los pueblos vecinos y la unión con Cölln la semilla del gran Berlín, independizándose judicial y fiscalmente de la ciudad de Spandau. Durante el siglo XIV, sin emperador que aglutinase las tierras germánicas, con el territorio en permanente fragmentación y múltiples príncipes que se auto-coronaban en fundidizos reinos, la peste negra diezmó la población. Pero Berlín se fortalecía como la principal ciudad del territorio de Brandenburgo, uno de los pocos territorios estructurados en aquellas latitudes, junto con el de Baviera.

No obstante, a finales de siglo (XIV), Brandenburgo, ocupado por Carlos IV de Luxemburgo, fue descrito como un territorio asolado por las plagas y enfermedades, destruido por el incendio de sus ciudades (Berlín-Cölln entre ellas) y sometido al continuo pillaje de hordas de distintos pelajes. Mientras tanto, en Francia, a orillas del Loira, Louis 1º d’Anjou añadía cuatro torres octogonales al castillo de Saumur, construido en 1.230 por la orden de Saint Louis.

En el siglo XV, poco antes de zarpar Cristóbal Colón de Palos, un incipiente reino de Prusia en manos de una nueva aristocracia formada por la burguesía terrateniente (Junkers) aglutinados inicialmente por Federico I de Brandenburgo iba tomando forma. La dinastía de los Hohenzollern resistiendo revueltas urbanas, divisiones y segregaciones temporales se estableció como fuerza unificadora durante cinco siglos en el territorio de Prusia. Mientras Louis XIII construía el castillo de Versailles y posteriormente Louis XIV –el Rey Sol- lo elevaba a categoría de Palacio,  el águila prusiana se revistió de plumas, se dotó de fuertes garras y sacó una inesperada y curva lengua roja de sus fauces picudas.

De mediados del XVI a finales del XVIII no existió iglesia católica alguna en Brandenburgo estableciéndose el Luteranismo como religión hegemónica en el territorio.
De 1.650 data el primer mapa conocido de Berlín, tras la devastadora “Guerra de los Treinta Años”. La Avenida Unter den Linden marcaba el límite de la zona aristocrática y la zona plebeya de la ciudad. Nuevas zonas de marismas fueron drenadas y secadas, surgiendo nuevos distritos; nuevos aires trajeron en masa nuevos ciudadanos entre ellos los hugonotes y la ciudad creció en medio siglo de 6.000 a 55.000 habitantes.

Finales del XVII y albores del XVIII fueron testimonios de la explosión del gran Berlín. Se fundó la academia de las Artes (Charlottenburg 1.696). El duque Federico III apoyó al emperador Leopoldo I, rey de Hungría y de Bohemia y Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en la ley de sucesión frente a España, reportándole una pingüe promoción (de Federico Guillermo III Duque de Prusia, a Rey de Prusia Federico Iº).

Se fundó en 1.702 la academia de Ciencias (Schloss Charlottenburg). Se unificaron las cinco comunidades (Cölln, Friedrischswerder, Dorotheenstadt, Friedrischstadt, y la propia Berlín) en  un solo consejo municipal.
En 1.781, se emitieron las primeras monedas del Banco Real (fundado en 1.765), fabricadas por máquinas adquiridas a Inglaterra. El proletariado urbano emergió con la fuerza y el vigor de todo lo nuevo.

En 1.792 se pavimentó la primera calle de Berlín, a tiempo justo para que Napoleón pudiera pisotearla con botas y caballos. En aquellos tiempos reinaba la Reina Louise (1.776 – 1.810), madre del primer káiser Guillermo I y la zarina Carlota de Prusia. Durante un baile ofrecido por la reina Louise, Napoleón le ofreció una rosa en señal de amistad. “La aceptaré sólo si la acompaña con Magdeburg”, replicó la Reina, (implicando hasta qué ciudad debía permanecer Prusia no ocupada). Prusia se quedó sin sus provincias al Oeste del Elba y la Reina sin rosa ni reino.

La ocupación francesa engendró una fuerte reacción patriótica. Dicho movimiento generó una nueva expresión en el arte, la literatura y la cultura en general. Asimismo, dentro de un limitado grado de autonomía, los poderes municipales impulsaron un liberalismo hasta entonces desconocido en la Europa Napoleónica.
En 1.813 los rusos entraron en Berlín infligiendo severas pérdidas a los ejércitos de Napoleón. Lo que iba a ser un ascendente Estado no era más que el campo de batalla de otras potencias. En 1.814 se instauró el servicio militar obligatorio en Berlín y se formó una confederación de 39 estados germanos para la reconquista de los territorios ocupados por unos y otros.

1.815, la batalla de Waterloo marcaría el principio del fin de la etapa Napoleónica y el nacimiento de la Alemania moderna. Tras la derrota definitiva de Napoleón Iº, el congreso de Viena estableció las bases del absolutismo en la nueva Europa de la restauración. La gran perdedora del congreso de Viena fue Prusia, que no recuperó más que un tercio de sus territorios. En Shönhausen nacía este mismo año Otto von Bismark, que sería artífice de la unión de los estados alemanes.

El periodo 1.816 - 1.844 fue de gran crecimiento industrial, económico y demográfico (a pesar del cólera de 1.831) para Berlín, que creció de 200.000 a 400.000 habitantes. La recesión europea 1.844 – 1.847 tuvo un especial impacto en la zona debido a su alto grado de industrialización. Prusia, ya centrada en Berlín, fue la locomotora del resurgimiento industrial y económico desde 1.848, creando el Deutsche Bank y la bolsa en 1.870 y culminando en 1.871 con la designación de capital del recién proclamado Imperio Germano mediante el tratado de Frankfort (tratado de paz firmado el 10 de mayo de 1871 en Fráncfort del Meno entre el Imperio alemán y Francia, al finalizar la guerra franco-prusiana). Dicha firma ratificó el Tratado de Versalles del 26 de febrero de 1871, acordado entre Otto von Bismarck y el jefe de gobierno francés, Adolphe Thiers y por el cual Francia perdía Alsacia y parte de la Lorena. Berlín contaba ya con 870.000 habitantes.

De 1.873 a 1.914, Alemania inventó. Inventó la opulencia económica, los escándalos financieros, el genocidio étnico a pequeña escala, las fábricas de dinamos y motores eléctricos (Werner von Siemens – 1.888),  los grupos industriales, y finalmente la guerra mundial. El gran Berlín era el ombligo del mundo poblado por dos millones de habitantes.

Las tensiones extremas entre el Imperio alemán, el Imperio austro-húngaro, el Imperio otomano, el Imperio ruso, el Imperio británico, Francia e Italia fueron las causas subyacentes de la Gran Guerra. El detonante fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del trono del Imperio austro-húngaro, por el nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo. El 28 de Julio la triple alianza (el Imperio alemán y el Imperio austrohúngaro por iniciativa de Otto von Bismarck, a la que posteriormente se uniría Italia), inició la mayor conflagración hasta entonces conocida. Con el ataque de Austria contra Serbia (que, de hecho, desencadenó el inicio de las hostilidades) y el ataque de Alemania contra Bélgica empezó una guerra donde murieron más de 9 millones de combatientes, muchos a causa de los avances tecnológicos de la industria armamentística, que hizo estragos contra una infantería que fue usada de forma masiva y temeraria.
Quizás Berlín fuera la cuidad que más perdió en el desenlace de la guerra del 14-18.
En 1.915 la ciudad creó por primera vez en la historia los cupones de racionamiento para el pan, que luego fueron extendiéndose a los demás productos de primera necesidad. La guerra dejó un lastre de 300.000 parados, enfermedades, miseria y lucros de guerra desigualmente repartidos. El humillante tratado de Versailles de 1.918 dejó prendida la mecha de la inevitable siguiente conflagración. Al término de la primera gran guerra, se constituyó la república de Weimar en verano de 1.919.
En 1.923, un dólar americano se cambiaba por 4.200 millones de Reichsmarks. A pesar de una fuerte modernización y racionalización de la industria, Alemania, no lograría hacer frente a sus deudas de guerra. Los fuertes impuestos a que estaban sometidos sus ciudadanos, el precio de los servicios estatales y municipales y la demagogia creciente de los partidos políticos clásicos (especialmente del social demócrata en el gobierno), provocaron una fuerte deriva de opinión pública hacia posiciones radicales, cuyos principales beneficiarios fueron los partidos Comunista y el Nacional Socialista. En 1.929, Berlín era la mayor ciudad europea, con 4,3 millones de habitantes con más del 10% de los desempleados de toda Alemania.

En 1.932, Adolf Hitler (Austriaco) obtuvo la nacionalidad Alemana. Dicho sujeto centralizó su poder en Berlín, construyendo su propio imperio interior destruyendo el entramado social y político basado en la autonomía de los Länders y los sindicatos de trabajadores. El partido Nazi ganó las elecciones de 1.933, impulsando a Hitler a la presidencia del gobierno de la capital del Reich. En Berlín se creó este año la Gestapo, las SA, las SS y los centros de detención y tortura, entre ellos Columbia-Haus en Tempelhof. A 30 km al Norte de Berlín, en Sachsenhausen, se erigió el primer campo de concentración, último hogar de los opuestos al nuevo régimen, muchos de los cuales lo habían votado democráticamente.
El resto de Europa, auto complacida, demagógica y con cada estado mirando su propio ombligo demostró su ceguera e insensibilidad ante hechos del calado de “la noche de los cuchillos largos” (30-06-1.934) y “la noche de los cristales rotos” (9-11-1.938). La ayuda alemana al ejército del General Franco en España era el banco de pruebas ideal para la maquinaria bélica del gobierno de Berlín. 
El 12 de Marzo de 1.938, Hitler, habiendo asumido todo el poder, anexionó Austria, su país natal, convirtiendo Österreich en la provincia alemana de Ostmark. En 1.939 Alemania invadió Checoeslovaquia y Polonia, declaró la guerra a Francia e Inglaterra y embarcó a la humanidad en la segunda guerra mundial.

La primera bomba de la RAF en territorio alemán cayó en Berlín el 26 de Agosto de 1.940, en respuesta a un raid de la Luftwaffe sobre Londres.
Tras la derrota del ejército alemán en Volgogrado (Stalingrad desde 1.918), batalla que costó cerca de 2 millones de combatientes de ambos bandos, los rusos llegaron por segunda vez en la historia, al río Oder y el 30 de Abril de 1.945 la bandera nazi fue arriada del Reichstag. Berlín, ciudad nuevamente ocupada, se dividió en cuatro sectores e inventó nuevamente; en esta ocasión, la guerra fría.

La conferencia de Postdam certificó la desaparición de Prusia como estado y el resurgimiento de Berlín como centro de Europa. Centro descentrado donde los hubiere, ya que se ubicaba claramente dentro del territorio de uno de los nuevos ocupantes de Alemania. Dos visiones distintas del mundo y su estructura socio-económica convivieron (malvivieron) en una misma ciudad. Berlín Oeste sufrió durante once meses (4/6/48 – 12/5/49) un bloqueo soviético, versión moderna de los asedios medievales, salvado por el puente aéreo tendido desde la zona occidental por los americanos. La ciudad fue un hervidero de agentes mas o menos secretos de todo pelaje y calaña sirviendo a uno o varios de los cruzados intereses que confluían en la puerta de Brandenburgo.

La división física de Berlín se concretó en 1.961, cortando 192 calles, cuatro túneles de metro, tres autopistas, líneas de tren, apostando 25.000 centinelas (uno cada dos metros) y construyendo un muro de cuatro metros de altura, coronado por tubos de hierro y alambradas. Segregar una ciudad no es fácil; partiendo de la puerta de Brandenburgo, y hacia ambos lados, el muro se extendió, llegando a 155 kilómetros de longitud. 12 kilómetros de muro de hormigón y 143 kilómetros de estacas y alambradas, con el pretendido propósito de evitar una invasión occidental, cuando en realidad encerraban en una inmensa cárcel a los habitantes de Europa del Este.

Hace 15 años, en 1.976, el río Spree que bordea el patio trasero del Reichstag, cerca de Unter den Linden strasse en la puerta de Brandenburgo, contenía la mayor concentración de trampas, alambres de espino y minas submarinas imaginable.
Hacia el NorOeste, la parte del Tier Garten que flanqueaba el muro, era una especie de no-man’s land donde las más sórdidas pesadillas podían formar parte de una realidad cotidiana. Hacia el Sur y luego al Este, pasada la Potsdamer strasse, subiendo de la Ufer Wataloo que bordea el Landwehr Kanal, en el cruce de la Koch strasse y la Friedrich strasse, se encuentra el check point Charlie, una de las tres puertas que permitían una cierta osmosis entre el oriente y el occidente.
Un gran cartel anuncia “You are living the american sector” en cuatro idiomas; en inglés, ruso, francés y el último, en letra pequeña, el alemán. Visible desde el lado soviético, también hay un gran cartel, que en los mismos idiomas y formato, pero creo recordar que con fondo amarillo, predica que se entra en el sector americano, que no se pueden llevar armas, y que se deben respetar las normas de tráfico. Entre uno y otro cartel, en uno y otro sentido, se deben haber producido las mayores concentraciones de adrenalina de la história.

Los check point Alfa (Helmstadt) y Bravo (Dreilinden) anteriores al de Friedrich strasse, permitían el paso solo a diplomáticos y militares acreditados (la gran mayoría de pacotilla). Tras un meandro en zona oriental, río arriba, el Spree bordea la Mühlen strasse del lado soviético y la Köpernicker strasse del lado occidental. Pocos me parecen los relatos narrados sobre esta época y de esta zona de Berlín. Sin revolcarse en la miseria humana, es necesario mantener constancia de unos hechos que la vergüenza debe forzar a no repetir.

Hasta 1.989, los berlineses del Este debían recorrer centenares de kilómetros para pasar a zona Occidental a través de las fronteras de Hungría y Checoslovaquia mucho más permeables que las puertas de su propia ciudad. De Noviembre del 89 a estos días, una destrucción casi total del muro está borrando la más reciente historia de Berlín. Alemania acaba de anunciar el traslado de la sede de algunos ministerios (Justicia entre ellos) de Bonn a Berlín.

Costará, y mucho, borrar las diferencias entre dos zonas de una misma ciudad que han vivido más de treinta años en las antípodas la una de la otra. Parte del esplendor inyectado por vía parental por el Plan Marshall al Berlín Oeste, se deshinchará como un soufflé sacado del horno a destiempo. Pero permanecerá la infraestructura comercial, el ánimo de sus tenderos y restauradores, la inercia de vida que nunca han perdido, en gran parte gracias a la alimentación asistida y la respiración artificial de Occidente.

Para dar nueva vida a la zona Este, se deberán hundir paredes, permeabilizar los barrios, construir tiendas en los boquetes, iluminar sus larguísimas y severas avenidas, repintar en color todo el gris de hormigón y de tristeza. Y la generación que ha conocido tanta crueldad y vejaciones deberá dejar paso a nuevas generaciones, a quienes no se tiene que ocultar su próximo pasado. Esto último, quizás, sea válido para todos sus congéneres humanos; no fuéramos otra vez, a ir por las andadas.

Tendremos ocasión de ver con nuestros propios ojos el estado actual de la ciudad. Con la debida perspectiva, parte de la cual pretendo poner de manifiesto en este escrito, debemos intentar percibir el giro brusco de la historia en el que está inmerso Berlín. Las comunidades humanas, como los veleros, avanzan de bolina, ciñéndose al viento y con constantes cambios de rumbo. Los vientos dominantes de la historia son también como los de la mar, siempre contrarios al rumbo debido. Esperemos sentir que por un tiempo Berlín podrá navegar con vientos portantes que permitan a su tripulación reparar aparejos, limpiar calas y secar sentinas.

Personalmente, nunca podré ver Berlín con ojos nuevos. Desde 1.976, y en múltiples ocasiones durante una década, se fijaron en mi alma terrores que formarán parte de todas mis pesadillas y que jamás me abandonarán. Hace poco más de un año, a finales de 1.989, asistí al colapso de una inexplicable atrocidad que separó familias, amigos y a gran parte de la humanidad en dos mundos antagónicos de forma brutal. La esperanza debería sobreponerse al temor, pero lo acontecido y lo vivido implantó profundamente la desconfianza en el ser humano dentro de mi corazón. Espero que tú formes parte de esos ojos nuevos que deben permitir a Berlín ser de nuevo la gran ciudad que merece ser. Admiremos el resplandor de la capital de la nueva Europa, que nunca debió dejar de ser centro de su cultura y humanidad.


Barcelona, Junio 1.991.