Mostrando entradas con la etiqueta procés. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta procés. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de junio de 2018

Farol, Bluff, Argucia, Engaño.


El 14 de abril de 1931 fue una fecha trascendente para toda España. Alfonso XIII abdicó, se instauró la segunda República, cuyo gobierno transitorio presidió  Niceto Alcalá-Zamora, con el apoyo del general Sanjurjo, Maura, Azaña y todo el comité revolucionario. Lluis Companys cuyo partido había ganado las elecciones municipales, depuso al Alcalde accidental de Barcelona (Antonio Martinez Domingo) y proclamó la República Catalana a la una de la tarde y una hora después hacía lo propio Francesc Macià desde el mismo balcón del ayuntamiento. Luego, Macià cruzó la plaza Sant Jaume entró en la diputación de Barcelona (el actual palacio de la Generalitat) y anunció que se hacía cargo del gobierno de Catalunya. A los tres días Macià renunció al estado catalán a cambio de poder promulgar el estatuto que los Catalanes decidieran. Los negociadores del estado (ministros del gabinete de Alcalá-Zamora) aceptaron poniendo como única condición los límites que fijara la constitución que se iba a redactar. Juramentos de lealtad olvidados tras el saludo de despedida. El laicísmo se radicalizó y se transformó en parte, en un movimiento anticlerical radical y violento.

En mayo se quemaban iglesias y otros edificios religiosos en Madrid extendiéndose a gran parte de todo el territorio nacional. El 14 de junio en Catalunya se promulgaba el Estatuto de Nuria sin pactar artículo alguno con el gobierno provisional y el día 26 se convocaron elecciones constituyentes en España.  En julio se iniciaron las sesiones del nuevo congreso de diputados con Alcalá-Zamora de presidente del gobierno. El 22 de setiembre los vasco-navarros presentaban el Estatuto de Estella, en contradicción con muchos de los artículos de la nueva constitución que se estaba redactando. El 15 de octubre Alcalá-Zamora fue nombrado presidente de la república y Manuel Azaña presidente del gobierno. Se aprobó la constitución de 1931 el 9 de diciembre.

El gobierno de Azaña inició controvertidas reformas en casi todos los ámbitos de la política española siguiendo el ideal republicano izquierdista y anticlerical. Se renegociaban estatutos regionales con Vasco-Navarros, Gallegos y Catalanes. Galicia renunció, los vascos presentaron una mejora de sus antiguos fueros de carácter confesional y los catalanes refrendaron su estatuto de Nuria del 14 de junio. Ambos estatutos rebasaban las competencias otorgadas por la constitución cuando no la vulneraban frontalmente. De aquellos polvos, estos lodos.

Los avances sociales anteriores como la Ley de accidentes de trabajo de 1900, conocida como Ley de Dato, el seguro de maternidad (1923) y el incipiente seguro de desempleo promulgado en 1931 con muy desigual implantación en sectores y territorios quedaron de hecho paralizados a la espera de la concreción de las nuevas propuestas del gobierno republicano.

Años complejos y muy movidos en que los cargos a menudo duraban, como ahora, días sino horas. Lluis Companys fue ministro de marina entre junio y setiembre de 1933 en el gobierno que presidía Manuel Azaña, quien tras turbulentas tensiones dentro de su propio gobierno, finalmente dimitió convocando elecciones. Tomó el relevo el gobierno radical y cedista de Alejandro Lerroux. Murió Francesc Macià el 25 de diciembre de 1933 y gracias a una argucia legal de Francesc Cambó, Companys fue elegido entre bambalinas el segundo presidente de la Generalitat de Catalunya.

La vinculación anarco-sindicalista de Companys no tardó en crear enfrentamientos de clase en la propia sociedad Catalana. Companys nombró al fascista Miquel Badia responsable de orden público mientras preparaba una revuelta independentista. Durante 1934 se produjeron decenas de desencuentros y enfrentamientos entre los gobiernos Catalán y del Estado, así como entre los propios partidos del parlamento Catalán. Finalmente, el 6 de octubre de 1934, Companys proclamó nuevamente el Estado Catalán dentro de la República Federal Española, cuando la constitución española no consideraba el federalismo en absoluto.

¿Os suena? Mi abuela, por aquel entonces funcionaria de enlace entre el ayuntamiento y la Generalitat, podría vivir nuevamente esta sensación de irrealidad si no hubiera fallecido. Afiliada a la CNT, catalanista y republicana, “temía estar embarcada en una nave insegura navegando por aguas turbulentas”. Son sus palabras textuales las que cito.

Hubo muchos personajes involucrados en los hechos del 6 de Octubre de 1934. Uno de ellos, el jefe de las juventudes de "Esquerra Republicana"y conseller de governació, Josep Dencàs, advirtió por la mañana al entonces Mayor de las "Esquadres de Catalunya", Enric Perez Farrás, sobre una inminente revuelta entre reaccionarios, anarco-sindialistas y el movimiento revolucionario. Dencàs ordenó al Mayor de los "mossos" la defensa de la legalidad Catalana y los edificios de la Generalitat, ocurriese lo que ocurriese. Enric Perez Farrás disponía de un total de unos 500 efectivos (mossos de les esquadres) de los cuales 150 protegían el palacio de la Generalitat. La sublevación anunciada por Dencàs no se produjo, pero Companys a las ocho de la tarde radió su discurso de proclamación.

Documentos escritos por Enric Perez Farrás atestiguan que tras ser condenado a la pena capital (él era ingeniero militar) y serle conmutada la pena por 30 años, no recibió una sola nota de respaldo ni agradecimiento de Dencàs que había huido al exilio por el alcantarillado y acabó muriendo en Marruecos en febrero de 1966.

El gobierno español ordenó una intervención militar encabezada por el General Domingo Batet, jefe de la IV división, máximo responsable del ejército en Catalunya. Su presidente, Alejandro Lerroux, del partido republicano radical con apoyo de la CEDA (derecha), acusó a Azaña de haber estado detrás de la declaración del estado catalán proclamado por Lluis Companys. El gobierno español disolvió el régimen estatutario Catalán y envió al buque prisión “Uruguay” a Companys y parte de su govern, a Carles Pí i Sunyer (alcalde de Barcelona) y, unos días más tarde, al propio Azaña junto con el resto del govern.

Las consecuencias para Catalunya, su población, sus instituciones y su entramado económico y social fueron desastrosas. ¿Os suena?

Contaba Azaña que Companys y varios miembros de su govern le aseguraban durante su visita a Barcelona en 1934 con motivo del funeral de Jaume Carner, que todo el pueblo de Catalunya respaldaría la proclamación y ello forzaría entrar en negociaciones al gobierno de Madrid. Todo el proceso iba a pasar en paz y serenidad según el govern. Iban de farol. Estaban creando una falsa imagen del pueblo de Catalunya y estaban conscientemente engañando a gran parte de su propia ciudadanía. La solemne proclamación del estado catalán era un simple bluff.

Companys declaró durante su juicio, que estaba intentando frenar una revolución social y así evitar males mayores… ¿Os suena? Companys y sus consejeros fueron juzgados por rebelión y sentenciados a 30 años de reclusión el día 6 de junio de 1935.

Azaña, tras un periplo por varios buques-prisión, volvió a la vida política refundando su partido “Izquierda Republicana” con el nombre de “Frente Popular” ganando las elecciones de 1936. El día 19 de febrero formó gobierno en Madrid y el día 21 se aprobó la amnistía de los políticos presos por decreto ley. Por la tarde era liberado el govern al completo.

Eran tiempos altamente turbulentos y el Frente Popular cedía a la violencia política, lo que la CNT, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) y sus comités de acción revolucionaria, junto a UGT y el Partido Obrero Unificado Marxista (POUM) aprovecharon para desarrollar sus tácticas revolucionarias incluyendo en sus manifiestos la necesidad del uso de la fuerza para la consecución de sus fines. Causa por la cual mi abuela abandonó sus filas.

La violencia tanto política como en el uso de la fuerza, y la extrema polarización social, dieron lugar a la sublevación militar y el consiguiente golpe de estado iniciado en Julio de 1936 encabezado por el general Mola y cuyo fracaso parcial desembocó en la guerra civil española. Con España dividida, el  Gobierno decidió ceder a la demanda de las organizaciones obreras de que se entregaran armas a sus militantes con lo que se formó el movimiento revolucionario y se favoreció la aparición de las temidas "Checas" y los juicios sumarísimos tanto en un bando como en el otro. Se sucedieron varios gobiernos de corta duración mientras el poder real estaba en manos de los cientos de comités sindicales desorganizados, antagónicos y altamente politizados.

En abril de 1938 en plena guerra civil, mi abuela materna, Esther Antich Sariol fue nombrada Directora General de Primera Enseñanza y se estableció dicha dirección general del estado español en Barcelona. El cargo iba acompañado de un salario anual de 18.000 pesetas y el uso de coche oficial.

Manuel Azaña, huyó a Francia el 6 de Febrero de 1939 y se negó a volver a España a pesar de los requerimientos de su primer ministro, Negrín. Ante el reconocimiento del gobierno de Francisco Franco por parte de Gran Bretaña y Francia, dimitió de su cargo de presidente de la República de España. Falleció exiliado en Montauban el año siguiente.

Los organismos oficiales de la República y de la Generalitat fueron oficialmente evacuados el día 22 de enero de 1939. Las tropas del general Yagüe entraron en Barcelona el 26 de enero. Mi abuela, de origen judío, de familia masona y directora general de la segunda república huyó a Francia y fue sentenciada a muerte en rebeldía por el régimen victorioso. Empezó en Orléans un largo peregrinaje que no concluyó hasta la promulgación en el BOE del 1 de abril de 1969, de una ley del mismo régimen que la sentenció, amnistiándola de hecho.

Durante 30 años, Esther Antich reflexionó sobre lo ocurrido en España y mientras conseguía su estatus de refugiada, su trabajo en la Unesco y luego la ciudadanía francesa, dejó por escrito parte de sus peripecias, sufrimientos, logros y conclusiones. Mujer de gran cultura, extraordinaria inteligencia y manifiestamente adelantada a su tiempo, mantuvo relación frecuente con Pujols, Tarradellas y gran parte del catalanismo de aquel tiempo, tanto en España como en Francia. Huyendo de una guerra, se metió en otra donde acabó de forjar un carácter de acero que le permitió sobrevivir.

Pudo volver a vivir a su país de origen gracias a la ley franquista de 1 de abril de 1.969 cuya primera disposición general de esa fecha dice: «Artículo primero. -Se declaran prescritos todos los delitos cometidos con anterioridad al uno de abril de mil novecientos treinta y nueve. Esta prescripción, por ministerio de la Ley, no requiere ser judicialmente declarada y, en consecuencia, surtirá efecto respecto a toda clase de delitos, cualesquiera que sean sus autores, su gravedad o sus consecuencias, con independencia de su calificación y penas presuntas, y sin tener en cuenta las reglas que los Códigos vigentes establecen sobre cómputo, interrupción y reanudación de los plazos de prescripción del delito...».

Sin duda eran épocas en que el régimen estaba claramente por encima de política y justicia. Fue el intento de un punto final por parte del propio régimen que permitía volver a todo aquel que quisiera, sometiéndose a partir de aquel momento a las exigencias del sistema impuesto por el bando vencedor de la guerra civil. Eran sin duda otras épocas. Hubo quien aceptó el statu-quo, como mi abuela, a pesar de jamás traicionar sus principios y hubo quien prefirió esperar a la muerte del dictador, como Tarradellas con quien Esther siguió manteniendo relación epistolar. Mi abuela falleció a finales de 1972 en Barcelona. De nada hubiera servido mantenerse en el exilio. Honro su vida, su muerte y su memoria.

No es hoy de recibo volver a oír la palabra “Farol” de boca de nuestros políticos. Es simple y llanamente repugnante que los representantes políticos jueguen con el devenir de las gentes que los eligen para gestionar su presente y su futuro, como si de una diversión se tratara. El ego, el partidismo, lo particular y lo subjetivo debe desaparecer en la tarea de gobernar si quiere ser un digno quehacer y no convertirse en la más inmunda y despreciable actividad humana. Gobernar exige altruismo, honradez, abnegación, objetividad, sinceridad y voluntad de servicio a la sociedad en su conjunto. Tratar la gobernanza de forma cicatera, parcial y sectaria es detestable e infame. Confundirla con un juego de naipes es indigno y aborrecible.

¿Será cierto el aforismo atribuido a George Santanya? “Un pueblo que olvida su historia es un pueblo sin futuro, ya que está condenado a repetirla.”

Me sigue sorprendiendo el empecinamiento de parte de mi sociedad con lo que ya está visto y oído del mal llamado “procés”. Tampoco entiendo cómo va a materializarse el “Brexit” sin levantar una frontera entre las dos Irlandas. Unos y otros me sitúan donde no estoy. Claro que hay quien sigue sosteniendo que la tierra es plana y que uno puede llegar a caerse de ella. ¡Miedo me da!

jueves, 5 de abril de 2018

Descanse en paz.

Ninguna flor sobrevivió a este último invierno. Tierra quemada por el frío y la algarada. Ramas marchitas de ocres arbustos apuntando al cielo, sarmientos sin muestra alguna de su reciente agonía, es todo lo que abarcaría la vista si hubiera horizonte. Sin palabras no habrá consuelo. Sin nuevas complicidades los tallos marchitos jamás brotarán de nuevo. 
Por si no queda lo bastante claro, ha finalizado una etapa. Se ha producido un trueque de personajes y nadie sabe por donde va a salir el sol el día de mañana. Algunos cambios si se han verificado. El gobierno ha cambiado de manos y el "procés" ha muerto. En lucha por evitar el trance, su descomunal e interminable agonía no ha hecho más que desunir, destruir y enfrentar unos con otros. Países, comunidades, grupos, amigos y familias han agriado su relación sofocados por los vientos de discordia, enredo y calumnia esparcidos por... un enorme sueño para unos, un monumental error para otros. Ningún objetivo ha sido alcanzado. Ni un solo triunfo ni beneficio ha sido conseguido para la gente de a pié. Bien al contrario, se ha destruido parte de lo que tanto había costado construir y consolidar. Queda por recorrer una larga y turbulenta estela para encontrar de nuevo aire limpio donde estabilizar el vuelo. 
Solo unos pocos incondicionales no reconocen en su íntimo pensamiento que ha llegado el final de una confusa aventura. La gran mayoría es consciente del gran vacío que se va a producir en el futuro inmediato. Como tras el paso del huracán sentiremos la opresión del silencio y nos faltará aire para respirar con sosiego. Tanto para los que piensan en una oportunidad perdida como los que opinan que se trata de un error de desenlace inevitable.
Con el tiempo, quedarán nostálgicos axiomáticos como los hay de otras épocas y otros episodios, pero la mayoría de nosotros deberemos seguir conviviendo, restañando desgarros, aliviando desencuentros e integrando en nuestra andadura conjunta unos acontecimientos cuyo significado se difuminará, manteniéndose un rastro desigual en nuestra memoria.
El fondo del problema se mantendrá, porque es consustancial a la esencia humana. Lo legítimo, lo legal y lo justo difieren en demasiadas ocasiones y en demasiadas mentes de forma simultánea. El estado de derecho castiga los actos que vulneran las leyes en vigor en un momento determinado. Entidades lícitas conforme a una moral pueden ser ilegales en un lugar y tiempo definido y todo lo contrario en otros. En función del pensamiento de unos y otros, aquello considerado por unos "justo" puede ser ilegal aunque se considere legítimo en determinadas circunstancias.
Nos damos unas reglas que conforman un marco normativo donde impera un cierto orden. Dentro del propio marco deben existir procedimientos para poder modificar el ordenamiento y por tanto permitir evolucionar el ámbito legal que ampara las acciones permitidas en un momento y lugar.
Quebrantar la ley no es perverso en sí mismo. Pero se debe ser consciente de que el sistema se defenderá castigando al transgresor. No valen payasadas, lacitos, ni paños calientes. El que atenta contra el orden establecido saltándose los cauces dentro de él dispuestos, debe ser castigado. No porque sea lo justo, sino por la simple supervivencia del propio sistema. 
La perversión es aprovechar el poder, el cargo y los recursos del sistema para atentar contra éste y generar inestabilidad y desgracia a quien se debería procurar felicidad mediante la administración de los bienes públicos. Usar la falacia y el engaño como tácticas al servicio de una estrategia de enfrentamiento y división no podía acabar bien.
El "procés" ha muerto. Descanse en Paz... hasta la próxima.


sábado, 25 de noviembre de 2017

SOMIATRUITES

En Catalunya somos por lo general, un poco “somiatruites” y a veces dejamos que nuestros sentimientos dobleguen la razón y caemos en la credulidad. Pero nuestro “seny” ha evitado habitualmente que nos volvamos papanatas de solemnidad por un tiempo demasiado prolongado. No obstante, hay ocasiones en que el pueblo Catalán se suelta el moño y libera la “rauxa”. Entonces cualquier cosa puede ocurrir. Si se nos empuja, de papanatas podemos pasar a obcecados y acabamos pareciendo fanáticos y sectarios.

Hablo de cuando durante unas cortas vacaciones trimestrales pasadas en casa de mi abuela paterna, un desfile militar, visto desde el balcón de la Diagonal, era un espectáculo fenomenal a los ojos de un chaval de corta edad. La Diagonal, desde Calvo Sotelo a los “encants” (hoy plaza de les glories -en obras permanentes-), acogía una ingente multitud. Eso de las multitudes no es nada nuevo para quien ha vivido los años suficientes. Al paso de unos coches negros (que aquí se llamaban “aïgues”), mucha, muchísima gente levantaba el brazo derecho. “Pourquoi ils lèvent la main comme les boches, mémé?” Las preguntas a mi abuela las contestaba habitualmente mi abuelo. “Aquets fà dos dies alçaven l’altre braç i tancaven el puny. La gent és arribista i s’ha fanatitzat.”, respondía mi abuelo. Mi abuelo estaba abatido y triste.


El “era” la gauche divine de sus tiempos. Amigo de Rusiñol y José Luis de Vilallonga, adicto a Unamuno, Valle-Inclán, Pio Baroja, Machado y Azorín, mi abuelo, anticlerical y defensor del modernismo y la república, vivía intensamente sus paradojas intelectuales pero se veía superado por aquella realidad. Un colosal gentío presente en toda la longitud de la entonces Avenida del General Franco había sido abducido por un hechizo incompresible. Eran Catalanes, era su gente, era inaceptable e injustificable; insoportable para mi abuelo.


Mi abuela materna, Esther Antich Sarriol, sentenciada a muerte por los vencedores en España y exiliada en Francia, le mandaba cartas de consuelo y esperanza. Luchó cuanto pudo, pero fue demasiado largo, demasiado duro y a mi abuelo se le escapó la vida mucho antes que al odiado dictador.


La realidad es la que es. Uno puede negarla, mentir sobre ella, tratar de ocultarla, enmascararla por los medios más imaginativos y finalmente la “gente” puede ser engañada durante un tiempo. Engañar quiere decir hacer aflorar sentimientos impostados que no responden a la realidad sino a la falsa imagen concebida a partir de la mentira y la propaganda.


Lo malo es que la realidad no se entera de todo eso y sigue siendo lo que es.

Lo peor de una realidad, sea territorial, social o política es que esté inserta en un entorno que no permita su adecuación al paso de los tiempos. Deben existir en cualquier entorno social, medios y caminos que permitan mudar, enmendar y transformar cualquier realidad.

Si las vías de cambio y enmienda existen, no son válidos atajos fuera del entorno que las habilita y permite. Lo contrario es desleal y deshonesto. Lo que era válido en la lucha de mi abuelo no lo es hoy en día, por mucho que la matraca propagandística quiera confundir los tiempos pasados con los presentes. La realidad no es la misma.


Creo que no es malo, incluso bueno ser un poco “somiatruites”. Soñar permite construir realidades virtuales por las que luchar y finalmente transformar legítimamente nuestro entorno. Lo malo es que acabemos siendo crédulos hasta el papanatismo y luego, ya cruzado el horizonte de la racionalidad, obcecados, nos arrojemos al irreflexivo fanatismo, siempre insensato.


martes, 24 de octubre de 2017

Alucinando (sin hache)

Alucinando (sin hache)

No pretendo dar ni quitar razones para el desencuentro. El conflicto viene de largo y cada uno tendrá su juicio sobre sus causas y, en su caso, justificación. De todo este embrollo, lo más grave es sin duda la fractura que se ha generado en un mismo pueblo, quebrando convivencia, amistades y familias. El manifiesto empobrecimiento del país no hará más que profundizar la herida social que tardará años, si no generaciones en desaparecer.

Mi reflexión es sobre el procedimiento, la manera de hacer las cosas. No se ha evitado ninguna bajeza moral ni retórica demagógica con el fin de explotar la ingenuidad de una parte de la sociedad arropando una difusa identidad en un excesivo número de banderas.

Personalmente aborrezco los nacionalismos de cualquier tipo, grado y escala sin que ello inhiba mi sentimiento de pertenencia al grupo ni al lugar. Los nacionalismos, como las religiones, no precisan de razones para fundamentarse ni para establecer el peligroso sentimiento supremacista.


Me siento catalán. Nací en Catalunya y vivo en un pueblo de la provincia de Barcelona. Me siento barcelonés. Habito Catalunya que es una de las principales regiones autonómicas de España. Me siento español. Me siento europeo y, sobre todo ciudadano del mundo, que quisiera más justo, más nivelado, más equilibrado y sobre todo más feliz.

Para ser totalmente sincero, también me siento francés por linaje y educación, por haber vivido infancia y adolescència en el país de los Galos. También acabo sintiéndome un poco de cada uno de los países que visito, si estoy el suficiente tiempo para sentir la vida y amar. Por encima de todo, soy y me siento de mi casa. Un lugar donde se habla varios idiomas de forma habitual e indiscriminada. Se habla, se debate, se discute incluso. Pero sobre todo se argumenta, se negocia y se pacta sin renunciar, sin ganar ni perder, sin humillar.

Yo creía que es lo “normal” entre nosotros. No la norma, sino lo habitual en nuestro país, Catalunya. Heredamos el "seny" de nuestros mayores, nuestros ancestros, debería anidar en nuestros genes. Nuestras costumbres nos empujan a dialogar, argumentar, pactar. Hemos sido comerciantes, trabajadores convencidos, fajadores en la adversidad, flexibles buscando el trato y pacientes aceptando el arreglo. Ello no nos hace menos valientes ni nos desmerece en manera alguna, a mi entender. El carácter catalán nos permite callar sin otorgar y sin por ello renunciar, pensar sin vociferar y sin por ello claudicar, ser dúctil sin ser blando, sabemos dudar, enjuiciar y resolver sin imponer, sin humillar.

O por lo menos así era en su gran mayoría la gente que hoy me sorprende, conversa a una nueva tendencia casi una nueva religión, y se ha adherido a propiedades características de otras regiones, otros tiempos y otras latitudes.

Por ejemplo, el “mantenella y no enmendalla” en las antípodas de nuestra esencia tradicional, se ha convertido en fundamental para sustentar una posición enconada sin suficientes argumentos para convencer, sin datos objetivos para persuadir ni resultado alguno demostrando su bondad.

De otros tiempos, con un relente sin duda escalofriante, el uso de propaganda machacona hasta la saciedad con la exageración y el embuste mil veces repetido que debe convertirse en verdad dogmática.

También creía de otros tiempos el estigma, el escarnio y la deshonra del disconforme, el apabullante vocerío persecutorio de la masa exaltada cuyo número se interpreta como razón. Por unos y otros. Sin distinción de bando. El acoso es y debe ser delito y es una actitud altamente reprobable, y no solo en el aspecto sexual.

De otras tierras, otras latitudes, el uso masivo del ardid, el disimulo, el fingimiento y la farsa como estrategia aplaudida por una enardecida y entregada parroquia cuya justificación es la simple consecución del fin a costa de cualquier bajeza. 

La imposición del corto plazo, el sectarismo y la exaltación de los sentimientos irracionales en detrimento de la estrategia del largo plazo en favor del bien común de la gente, lo cual siempre ofrece  resultados lamentables.

No reconozco esta manera de ser en nuestras costumbres.  La falta de honradez, lealtad y diálogo no puede tener buen fin. La delirante alimentación del mito con el único motivo de adentrarse en la fantasía sin realidad alguna que la sustente, sin recursos, sin estructuras y sin capacidad ni reconocimiento, es evidente que ningún escenario objetivo puede ser alcanzado. Lo sufriremos todos.

La aventura dejará una multitud (la supuesta mayoría) huérfana de ilusión, carente de líderes y profundamente frustrada. No es un marco que invite a la reflexión. La inercia del proceso profusamente potenciado por un relato heroico y una feroz propaganda aumentará el tiempo de vuelta a la racionalidad. Las inevitables elecciones catalanas tendrán el efecto de una ola rompiendo contra un acantilado donde el desconcierto y los sentimientos heridos prevalecerán.

Jugar a la política, jugar con la gente con el fin por delante de la ética, la lealtad y la honestidad es ruin y abyecto. Antes, ahora y siempre.

La épica de la rebeldía y la ilegalidad no cabe en mandato democrático alguno. La desconexión con la realidad a lomos de una crédula muchedumbre engañada que confía en una mejora de su vida cotidiana, no es de recibo por parte de quien ha sido elegido para administrar y gobernar en beneficio de todos los electores.

Lo que más me preocupa y hasta me asusta, es el retorno de la "supremacía de raza". Se ha pasado del buenismo memo al desprecio sin argumento alguno a todo aquello que no está tocado por la luz y la verdad únicas, oficialmente validadas. El desdén y la burla estúpida ante hechos de calado e importancia con el simple fin de esquivar cualquier razonamiento se impone con una grotesca altivez que menosprecia una procedencia foránea o una disidencia explícita.

La burla final en busca de una falsa clandestinidad que precisa  complicidades imposibles, denotará hasta qué punto el ficticio mundo virtual e imaginario construido a base de embustes, engaños y falsedades ha calado en los propios protagonistas de una prolongada y costosa mascarada.

Nada de todo ello nos inmuniza ni nos exime del síndrome de repetición. Dado el alto nivel de propaganda y manipulada desinformación, nuestro pueblo puede verse castigado como Sísifo, el rey de Éfira a repetir la pesadilla una y otra vez.

No me reconozco. Alucino (sin hache). 24/10/2017

jueves, 23 de febrero de 2017

Etapa Cremada.

Pasará per vacances, quan la majoría de la gent, les institucions, els governants i el seny estiguin de festa i sigui l'hora que sigui es ferá de nit. Una selecta banda de trilers aseguts al voltant de la mesa del parlament català, treurán d'un calaix la nova legalitat i, fent trampa un cop més, llençarán l'antiga legalitat al destructor que va empassar-se en el seu día les auditades finances del Palau de la música. Amb aixó, ens llençarán al barranc del éxit impossible.
La vergonya no haurà estat la derrota del independentisme, el colapse del procés ni el fracàs del sobiranisme exaltat. La vergonya haurà estat el fanatisme, l'engany i la mentida dels polítics sectaris i oportunistes que no han estat a l'altura que el seu poble mereix.
Ningú s'ha de sentir vençut, humiliat ni derrotat. Qui ens han portat en aquest jardí han estat els qui ens han confós i menyspreat en benefici, no dels seus ideals, sinó dels seus foscos i inconfessables interessos personals i partidistes. Hem estat, uns i altres, víctimes d'un sistema que no podem seguir tolerant, a qui, per dignitat ens hem d'enfrontar.
Després d'aquesta infernal aventura propiciada per noms com Zapatero, Pujol, Mas, Rajoy, Puigdemont, Junqueres i tants altres, és l'hora de què els ciutadans ens tornem a unir enfront d'un sistema que sols ens ha aportat pobresa i confrontació. 
Ha estat una experiència especialment dolorosa pels qui han renunciat per un temps a pensar per si mateixos, fent confiança de bona fè als líders que reunien tantíssimes persones. Però també ha estat una etapa aburrida, incòmode i dolorosa, que ha mostrat amb massa feqüencia la feblesa dels lligams d'amistat i dins de les propies families que haurien de estar per sobre de les diferències d'opinió sobre entelèquies tant volubles.