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miércoles, 12 de abril de 2023

Información complementaria. (al 20 aniversario)

En este artículo reflexiono sobre el 20 aniversario de mi coche como punto de partida para una crítica razonada a las políticas climáticas actuales. Cuestiono la moralidad de los gobiernos que imponen sacrificios desproporcionados a los ciudadanos mientras mantienen prácticas contaminantes a gran escala. Frente al discurso dominante, propongo una mirada crítica y bien fundamentada que no niega el cambio climático, pero sí exige un análisis equilibrado y realista de sus causas y posibles soluciones.

#CambioClimático, #IPCC, #Agenda2030, #CensuraCientífica, #CocheTérmico, #PensamientoCrítico, #EcologismoDogmático

Sobre mi escrito referente al 20 aniversario de mi coche y, en menor medida el del cambio climático, he recibido algunas respuestas que considero producto de falta de información.

La moral es el conjunto de convicciones que fundamentan los principios éticos que guían las acciones tanto políticas como sociales de personas y las entidades que estas forman. Otrosí, tachar de terraplanista y negacionista a quien opina y razona de forma no conforme al pensamiento único impuesto por nuestros mandatarios actuales y ofreciendo relatos distintos al discurso políticamente correcto, no es argumento alguno ni ayuda a la reflexión.

Ante todo, debo denunciar la inmoralidad de los gobiernos que imponen un cambio de paradigma a la vida privada de sus gobernados, sin valorar los daños que infligen a las personas abocándolas a un escenario imposible de alcanzar, mientras permiten, si no alientan, la persistencia de actividades totalmente contrapuestas al objetivo supuestamente perseguido. Mientras se queman millones de toneladas de carbón, centenas de miles de hectómetros cúbicos de gas y millones de barriles de petróleo para generar energía eléctrica, se promociona el coche eléctrico y se machaca al populacho que anda como puede en sus vehículos térmicos. Se imponen a los ciudadanos limitaciones y se les exigen sacrificios que los gobiernos ignoran para ellos mismos en su vida social y personal, así como en su acción política. 

Estos gobiernos inmorales y despóticos (cuando no corruptos), basan sus decisiones (además de las presiones de los lobbies), en informes emitidos por entidades entre las que destaca el IPCC.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es un organismo científico establecido por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en 1988. El IPCC se basa en la evaluación de la literatura científica disponible y la revisión por pares de ésta, sobre el cambio climático y sus impactos en el medio ambiente y la sociedad. Por tanto, la cantidad de literatura científica publicada con unas u otras tendencias influye en los informes emitidos por el IPCC. El número de publicaciones depende en parte, de la cantidad de recursos que respalden unos u otros estudios y su difusión.

El financiamiento del IPCC proviene principalmente de los gobiernos de algunos países que contribuyen voluntariamente a su funcionamiento y a la difusión de sus informes. Los informes del IPCC son discutidos y negociados por los gobiernos patronos de este organismo. Es cierto que las discusiones políticas pueden surgir en la negociación de los informes del IPCC, ya que los gobiernos participantes pueden tener diferentes intereses y perspectivas sobre las políticas climáticas. A pesar del rigor científico que el IPCC aplica en sus investigaciones, a pesar del respaldo de muchas organizaciones científicas nacionales e internacionales, a pesar de la técnica de revisión por pares que aplica el IPCC, los informes finales y las conclusiones son negociados y pactados políticamente con sus patrones.

En resumen, la base científica y la revisión por pares de la información publicada ayudan a garantizar que las conclusiones del IPCC sean respaldadas por la evidencia científica disponible y reflejen el consenso científico mayoritario actual. No obstante, la intervención de sus patronos en la publicación de sus informes, disminuye su fiabilidad en cuanto a rigor científico. Los informes finales (entre 8 y 10 desde su fundación) son documentos mastodónticos tan solo aptos por auténticos estudiosos especialistas. Las comisiones técnicas (donde están presentes delegados políticos de los patronos) resumen las conclusiones del IPCC a informes de unas 20 páginas dirigidos a los gobiernos y entidades supra gubernamentales.

Valga esta información para determinar que el IPCC no es el Papa y sus conclusiones no son la Biblia, salvo por parte de sus más fervorosos creyentes.

El cambio climático existe desde que la tierra tiene atmósfera. Ningún experto ni científico puede negar esta obviedad. Múltiples causas provocan cambios en nuestra atmósfera. El principal factor de inestabilidad y cambio atmosférico es la recepción y absorción de la radiación cósmica. Dentro de esta radiación es fundamental la luz solar. Su intensidad y su ángulo de incidencia sobre el globo terráqueo, son factores principales en los efectos que produce la radiación solar a nuestra atmósfera. 

La órbita terrestre respecto al sol varía cíclicamente, de casi circular a una forma claramente elíptica. Por tanto la distancia de la tierra al sol durante las distintas estaciones es variable. El eje geográfico de la tierra tiene variaciones de ángulo respecto al plano orbital (oscilación de peonza)  también de forma cíclica. El propio sol es inestable y tiene periodos de mayor y menor actividad. Las erupciones de su  corona pueden ser de menor o mayor intensidad y pueden dirigirse hacia cualquier dirección. Los fotones y demás ondas y/o partículas emitidas por nuestro sol tardan ocho minutos en llegar a la atmósfera terrestre. Varios satélites vigilan y estudian permanentemente nuestro astro rey para poder prevenir en lo posible, los efectos de sus erupciones.

Nada de lo expuesto entra en los informes públicos del IPCC. ¿Las mayores causas del cambio climático no entran en los análisis de esta entidad?

La atmósfera está compuesta por un 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y un 1% de otros gases. El vapor de agua y el argón son los mayores componentes de este 1%. El dióxido de carbono CO2 representa un 0,04%, el Neón un 0,018%, hay trazas de CH4 (Metano), Helio, Kriptón, Xenón, Hidrógeno libre, etc.

En cuanto a oscilaciones de proporción de CO² en la atmósfera terrestre y su temperatura global, no es necesario recurrir a erupciones volcánicas (la del Toba) de hace 74.000 años. Los registros paleo-climáticos indican que ha habido variaciones significativas en la temperatura global del planeta y en la proporción de CO² en la atmósfera durante los últimos 2000 años. Entre los años 900 y 1300 d.C., se produjo un periodo de calentamiento global conocido como el "Máximo Medieval". Luego, entre los siglos XVI y XIX, se produjo la llamada “pequeña edad de hielo”. Durante este periodo, la temperatura global se enfrió significativamente, lo que se manifestó en el crecimiento de los glaciares, en la extensión del hielo marino y en el descenso del nivel de mares y océanos. Las razones de estas oscilaciones no han sido descritas de forma científicamente contrastada. Desde principios del siglo XX, la temperatura global ha experimentado un calentamiento significativo. En promedio, la temperatura global ha aumentado aproximadamente 1°C desde 1900. Gran parte de este calentamiento se ha producido desde la década de 1970. Todo ello es información registrada en los medios medibles naturales (troncos de árboles, hielos “llamados” eternos, dataciones geológicas, etc.).

Es innegable la existencia del cambio climático. Lo hubo y lo habrá. También es importante tener en cuenta que el cambio climático no es solo un problema ambiental, sino también un problema económico, social y de seguridad global. El actual ciclo de calentamiento global tiene el potencial de afectar significativamente la economía global, la seguridad alimentaria, la salud humana y la biodiversidad, entre otros aspectos. La urgencia de abordar el cambio climático se debe en gran parte a la magnitud y el alcance de estos impactos potenciales. Lo que no está tan claro es el nivel de alarma promovida por los gobiernos y las entidades ecologistas que se basa en una evaluación subjetiva de la evidencia científica y de los riesgos potenciales asociados con el cambio climático. Aunque es importante abordar el cambio climático, debe hacerse con valoraciones objetivas e imparciales, de manera equilibrada y proporcionada, considerando la complejidad del problema y la efectividad de respuestas factibles y justificadas.

Es de principal importancia determinar el origen del actual ciclo de calentamiento global. Se debe estudiar la participación en éste, de los gases de efecto invernadero para actuar sobre ellos de forma consecuente, factible y eficiente. Según los informes científicos disponibles (entre ellos los del IPCC), los orígenes son diversos. Por orden de importancia:

a)   La quema de productos fósiles (carbones, petróleos y sus derivados -gas incluido-) se ha incrementado muy sensiblemente desde la revolución industrial. Su utilidad en la industria (producción de energía eléctrica, cementeras, etc.) es la responsable de su posición número uno en los orígenes de los gases de efecto invernadero (incluido el CO²). El tráfico rodado, marítimo y aéreo, así como las calefacciones de edificios, contribuyen en menor medida a las emisiones de estos gases.

b)   La deforestación, que mengua la capacidad de absorción natural del CO² y es una de las causas del desequilibrio actual.

c)    La agricultura y la ganadería que son fuertes emisores de CO² y metano (CH4).

d)   Los procesos naturales (volcánicos, la reversión nocturna de las propias plantas, etc.)

Se deduce fácilmente que la emisión antropogénica es, en todo caso superior al 60% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Ante el incremento de 300 a 415 ppm de CO² en la atmósfera durante los dos últimos siglos, las plantas se adaptan incrementando su poder de absorción, aunque tal incremento es insuficiente para lograr el equilibrio de emisores y absorbedores.

La fotosíntesis de las plantas y los océanos son los grandes absorbedores netos de dióxido de carbono (CO²). Son nuestros únicos aliados en este quehacer. Los minúsculos esfuerzos de reabsorción de CO² producido por instalaciones emisoras humanas son respetables pero ineficientes para restablecer el equilibrio.

Si analizamos los países mas emisores del planeta, China (32%), EEUU (13%) e India (11%) suman más del 56% de las emisiones antropogénicas del planeta.

Mi egoísta, pero objetiva conclusión es que mientras los países productores de más de la mitad de los gases de efecto invernadero no disminuyan drásticamente sus emisiones, mientras los gobiernos de nuestra querida Europa sigan permitiendo la producción de electricidad quemando gas, carbón, petróleos y derivados, a mí no me pidan desmesurados sacrificios vitales que reduzcan exageradamente mi confort y mi economía. La agenda 2030 es una quimera inalcanzable y exige unos cambios drásticos, en parte inútiles y excesivos en todo caso, al 5% de la población mundial. Mi compromiso y mis esfuerzos están y estarán a favor de la reducción de emisiones de gases, líquidos, partículas y sólidos que polucionen el planeta. Mi forma de vida ha cambiado en tal sentido y seguirá cambiando. Pero no me exijan sacrificios dogmáticos ni adhesiones inquebrantables destinados a fracasar ineludiblemente en sus objetivos, que van contra mi forma de vivir y tienden a anular mi propia identidad.

Debemos reconocer que sobre los factores no antropogénicos del cambio climático, nada pueden hacer los habitantes del planeta. Dado que su magnitud es de proporciones gigantescas respecto a las que la actividad humana pueda suponer, es posible que la actual alarma sea simplemente la reacción al reconocimiento de nuestra debilidad y nimiedad como seres humanos. 

Abordar el cambio climático es necesario, pero no a costa de imponer dogmas, ni sacrificios ciegos que afectan la vida de millones sin tocar a los grandes responsables globales. Mi compromiso es con una ecología racional, sin fanatismos ni manipulaciones políticas. Porque solo con pensamiento crítico, conocimiento técnico y responsabilidad compartida, podremos enfrentar con eficacia los desafíos que nos esperan.

#ManipulaciónClimática, #LibertadDeExpresión, #EcoHipocresía, #DictaduraVerde, #SacrificiosInútiles, #DogmaAmbiental, #PolíticaClimática

 En Barcelona, 12 de abril de 2023.

Referencias:

-(1) NASA Change (2019). Carbon Dioxide Concentration | NASA Global Climate Change. https://climate.nasa.gov/vital-signs/carbon-dioxide/

– (2) IPCC Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish/

– (3) Skeptical Science (2015). Plants cannot live on CO2 alone. https://skepticalscience.com/co2-plant-food.htm

– (4) Sneed, A. (2018). – - Ask the experts: does rising CO2 benefit plants?. Scientific American. https://www.scientificamerican.com/article/ask-the-experts-does-rising-co2-benefit-plants1/

– (5) Carrington, D. (2019). Tree planting ‘has mind-blowing potential’ to tackle climate crisis. The Guardian. https://www.theguardian.com/environment/2019/jul/04/planting-billions-trees-best-tackle-climate-crisis-scientists-canopy-emissions

– (6) Campbell, J., Berry, J., Seibt, U., Smith, S., Montzka, S., & Launois, T. et al. (2017). Large historical growth in global terrestrial gross primary production. Nature, 544(7648), 84-87. doi:http://doi.org/f9xxnp

– (7) Green, J., Seneviratne, S., Berg, A., Findell, K., Hagemann, S., Lawrence, D., & Gentine, P. (2019). Large influence of soil moisture on long-term terrestrial carbon uptake. Nature, 565(7740), 476-479. doi:http://doi.org/gftrpf

– (8) Kovenock, M., & Swann, A. (2018). Leaf trait acclimation amplifies simulated climate warming in response to elevated carbon dioxide. Global Biogeochemical Cycles, 32(10), 1437-1448. doi:http://doi.org/gd886k

– (9) Myers, S., Zanobetti, A., Kloog, I., Huybers, P., Leakey, A., & Bloom, A. et al. (2014). Increasing CO2 threatens human nutrition. Nature, 510(7503), 139-142. doi:http://doi.org/gc3fqj


jueves, 24 de marzo de 2011

Hoja de ruta sobre la Energía

En un mundo racional donde la política asumiera la realidad del largo plazo, el ahorro energético y la dependencia del petróleo podrían ser tratados en profundidad y con grandes posibilidades de contundentes mejoras.
Parte de la solución está en consumir menos, es decir, mejorar nuestra eficiencia en el consumo. Pero la solución completa no cabe en un mensaje corto, ni es de fácil inserción en este mundo demagógico de consignas y eslóganes al que nos han acostumbrado.

Adquirir datos exentos de tendencias ideológicas a favor o en contra de cualquier cosa, es cuanto menos difícil y muy laborioso. El enfoque actual sobre la problemática energética se basa en su generación, con un complejo repertorio de procedencias y orígenes pero usando variables a menudo no homogéneas. Las diversas clasificaciones de consumo derivan en estadísticas de utilidad en su mayoría faltas de un enfoque global.

Seamos valientes y rompamos moldes. Reconozcamos que la actual evolución y expansión del bienestar humano depende directamente de la disponibilidad de energía. No es el único factor, pero es sin duda uno de los imprescindibles. Una de las más contundentes diferencias entre el primer y demás mundos es justamente dicha disponibilidad. Los medios utilizados para alcanzar las actuales cotas de bienestar por el primer mundo quieren ahora ser limitados o simplemente negados al mundo en desarrollo. El egoísmo hipócrita que usa el mundo desarrollado para limitar el crecimiento global, no es sostenible. Debemos rectificar el uso de los medios de producción y consumo energético para hacerlos sostenibles y extensivos a toda la población mundial. Debemos buscar fórmulas para que la disponibilidad de energía para la raza humana sea un bien universal y creciente. El progreso, tal y como lo entendemos, no puede seguir dentro de los parámetros actuales.

Clasificando los elementos de consumo de energía en móviles e inmóviles, es fácil llegar a la conclusión de que cualquier instalación inmóvil, puede ser conectada a una red de suministro eléctrico y eliminar absolutamente todo consumo de hidrocarburos en ella. De los elementos móviles, algunos como trenes, tranvías, metros, coches y motos eléctricos, pueden consumir exclusivamente electricidad, sea vía catenaria o acumulándola en baterías para luego consumirla. Los acumuladores en elementos móviles sólo tendrán su oportunidad mediante la normalización de sus contenedores. Una sustitución modular en las mismas estaciones de servicio en las que hoy se carga combustible es, a mi modo de ver, el único sistema competitivo que puede evitar su fracaso. La sustitución del ion litio por otros (ion sodio, ion potasio...) u otros sistemas es imperativo en la construcción de acumuladores eléctricos por sostenibilidad, ecología y economía. Vamos camino de estar ligados a un reducido número de países productores de litio, como hoy estamos sometidos a un escaso número de países productores de petróleo.

Los sistemas de propulsión híbridos de recarga doméstica y el desarrollo de la pila de combustible basada en el hidrógeno deberían ir sustituyendo en el tránsito privado, los sistemas basados en la exclusiva combustión de hidrocarburos. El transporte rodado público y privado de gran tonelaje debería reducirse progresivamente a favor de trenes y transportes cuya propulsión fuera exclusivamente eléctrica. Los barcos podrían incorporar la tecnología del hidrógeno y dejar de manchar los océanos. Faltan sin duda afinar las tecnologías de capilaridad de depósitos y los sistemas antideflagración.

La electricidad y el hidrógeno configuran el ámbito limpio y seguro que todos deseamos.

Los aviones tienen pocas expectativas de dejar de depender de los hidrocarburos a medio plazo. Las tecnologías sustitutivas actualmente en estudio están aún muy lejos de poder mostrarse como alternativa real a la turbina de queroseno. Tomados de forma aislada, son una parte realmente menor del problema y por tanto asumible en el medio- largo plazo.

Las tecnologías del hidrógeno deberán diversificarse y producirse en masa tanto en las vertientes de motores químicos (células de combustible) como termo-mecánicos. El desarrollo de nuevos y mejores catalizadores de partículas metálicas será sin duda elemento fundamental para la evolución de estas tecnologías.
En este marco ideal, que bien podría configurar la hoja de ruta de una futura distribución de consumo energético, se debería contar con elementos de generación de electricidad (y con ello de hidrógeno) en gran cantidad y de coste asumible, de forma segura, limpia y eficiente. También sería necesario configurar una red de distribución mallada eficiente y segura que podría estar basada en los nuevos materiales superconductores. Dicha red debería estar alimentada con generadores de estabilidad equilibrada por segmentos. La estabilidad en voltaje y frecuencia es fundamental para evitar sobrecargas u oscilaciones que desconectarían los generadores que alimentan la red. Los generadores expuestos a variabilidad ambiental (solar, eólica, etc.) deben ser compensados por generadores de gran inercia (hidráulica y atómica) con grandes turbinas cuya estabilidad es controlable de forma automática, o bien dotarlas de inercia (bancos de baterías on line). El hidrógeno producido en masa y por tanto de bajo coste podría ser el combustible de centrales térmicas de apoyo y de ciclo, adaptando la producción a la demanda horaria y estacional.

La fusión nuclear, actualmente en estudio en las instalaciones del ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), en Caradache (Francia), con la colaboración de decenas de laboratorios de todo el mundo, se espera acabe dando respuesta definitiva a la necesidad global de energía. No obstante, dentro de este siglo, el único medio que puede ofrecer esta solución, es la central nuclear de fisión para la producción eléctrica.
Los motores de fisión han evolucionado de forma espectacular tanto en su rendimiento como en su seguridad y eficiencia. Las centrales diseñadas en el siglo XXI incorporan mejoras enormes respecto a las de segunda (y por supuesto primera) generación. El conocimiento actual tanto de los procesos de producción del combustible atómico como de la gestión, tratamiento y depósito de su residuo e incluso de su reciclaje, debería alejar viejos tópicos y fantasmas, incongruentes con la actual realidad. No podemos fijar la fiabilidad de la bombilla eléctrica en el filamento de carbono. Enfocamos el Led como tecnología de presente e inmediato futuro y no se cuestiona la iluminación como bien. Lo mismo que se deberían establecer las condiciones para un cambio de medio en la iluminación de forma progresiva y exponencial, las centrales nucleares necesitan de un plan “renove” y de expansión imprescindible. La considerable inversión que significa la construcción de una nueva central termonuclear de tercera generación no debería amedrentar las fuerzas financieras ni políticas. Su rentabilidad será finalmente incuestionable, ya que las centrales nucleares deberán aportar un mínimo del 50% de la energía consumible en el mundo.

La generación hidráulica, eólica, fotovoltáica, mareomotriz, y cualquier otra que coprodujera energía eléctrica de forma limpia, adecuada y eficiente, debería formar parte del “mix” de generación. El equilibrio debería estar basado en la eficiencia, la limpieza y la rentabilidad de cada uno de estos sistemas. Sin trampas, sin verdades a medias, sin subvenciones infinitas ni ocultas. Se debería dejar de castigar fiscalmente unos generadores en beneficio de otros. Debería erradicarse en su totalidad cualquier sistema de generación eléctrica basada en la combustión de hidrocarburos y otros combustibles carbónicos (incluido el gas, por supuesto). Deberíamos dejar atrás definitivamente la Era del Carbón.

Con la misma radicalidad deberían convertirse a eléctricos todos los elementos de consumo energético estáticos tanto industriales como del hogar. Solo deberían quedar los grupos electrógenos de respaldo y de emergencia para servicios estratégicos y sanitarios. La tasa de emisiones se reduciría a su mínimo absoluto y la dependencia se diluiría. 
El precio del mercado de uranio ronda actualmente los 100 dólares por tonelada, cuando el petróleo se acerca a los 100 dólares el barril. El potencial energético de un mismo valor monetario es totalmente dispar. Se deberían multiplicar las prospecciones de uranio y con toda seguridad, aumentaría el número de estados productores de uranio. El precio del mineral de uranio tiene un largo recorrido por hacer, ya que contribuye mínimamente en el escandallo del megawatio producido por una central termo nuclear.
Las centrales nucleares de tercera generación son ya una realidad. ¿Para cuando el despertar de este sueño utópico que nos ha colocado en lugar mundial relevante en cuanto a coste de unidad energética producida y dependencia del petróleo? Seguir emitiendo millones de toneladas de CO2 quemando hidrocarburos, obligadamente importados, a nuestra atmósfera, parece la forma menos racional de ocultar la gravedad de esta cuestión. Por otra parte las centrales nucleares cuyo circuito principal no incorpore un sistema autónomo de apagado y refrigeración en caso de incidente técnico, accidente o desastre natural, deberían ser substituidas a corto plazo. 
La población mundial debiera asumir el nivel de riesgo que comporta cada uno de los sistemas inventados y usados por el hombre y actuar en consecuencia mediante la inversión en renovación tecnológica y seguridad. El debate sensato y realista de la asunción de riesgos calculados debería formar parte de la cultura tecno-consumista y global de nuestra sociedad.

La problemática no es local; las soluciones tampoco pueden serlo. El desmantelamiento de viejas centrales nucleares para construir en lugar adecuado renovadas instalaciones más eficientes y seguras, debería estar en la primera línea del interés general global. El estudio de la ubicación a nivel mundial de las centrales y los almacenes de residuos en las zonas más estables y menos vulnerables de la corteza terrestre debería estar debatiéndose en la ONU para conciliar eficiencia con seguridad a nivel mundial.

Actualmente, solo el 20% de la energía consumida a nivel mundial es eléctrica. Se estima que la producción de dicha energía por combustión de hidrocarburos supera largamente el 50%. Por tanto el 90% de la producción y consumo energéticos son emisores de gases de efecto invernadero.

El coste del transporte y distribución de la energía es el talón de Aquiles de este planteamiento ideal. Las naciones deberían ser transportadores neutros y transparentes, altamente eficientes mediante redes interconectadas de superconductores de muy alta tensión. El esquema energético debe dejar de ser considerado una problemática local a ser resuelto por cada nación. Nuestra sociedad global y nuestra cultura se han desarrollado gracias a una creciente disponibilidad de energía per cápita y año. Si no queremos retroceder y deseamos seguir expandiendo el bienestar hasta los últimos confines del planeta, debemos encontrar el sistema que permita que mayor cantidad de energía esté disponible para cada vez mayor número de personas. La disponibilidad de energía es la mayor garantía de progreso, por encima de conceptos comúnmente utilizados y considerados políticamente correctos. Con energía puede obtenerse agua potable, puede fluir la información, el conocimiento, y puede expandirse el bienestar. La necesaria distribución abarcando la población mundial, solo puede encauzarse mediante un incremento exponencial en la producción de energía y la estructuración de un sistema eficiente de transporte. El actual estado de remilgo cuando no de sombrío oscurantismo o de idealizada simpleza no favorece el análisis profundo de los problemas y el crudo enfoque de soluciones. Tampoco se establecen las condiciones para un, tan fuerte como necesario, desarrollo tecnológico para la obtención de resultados a corto o medio plazo. Se vierten miles de millones de euros en el vacío de palabras y consignas sin mayor recorrido que el parche y el remiendo que permitan llegar a las próximas elecciones.

En algún momento de un futuro no tan lejano, la história sin duda castigará a los que hoy no permiten debatir y enfocar la solución de un grave problema que es de todos, tanto del momento actual como de mañana.

6 de Setiembre de 2004
Roger Sangenis i Bermejo.