El 21 de enero de 2017 hice un post en facebook, que hoy, a mi entender, mantiene integramente su vigencia. Por ello lo transcribo sin modificación alguna.
En un entorno conocido es razonable establecer pautas de acción y reacción en función de sus precedentes resultados y se acaban instalando como axiomas, creando una zona de aparente confort. Las estrategias ideológicas se rigidizan hasta convertirse en simples actitudes tácticas. Nos acomodamos como sociedad y nos embrutecemos como individuos.
¿Como llegar a entender un contexto que ni tan siquiera existe? Cuando el ámbito se modifica, cuando elementos perturbadores generan dinámicas que no responden a las pautas conocidas, las respuestas son a menudo erróneas y estériles. La lista es larga: subestimar, despreciar, combatir, denostar, ofender...
Por citar solo algunos ejemplos, Hungría, Polonia, Escocia, Italia, Reino Unido y últimamente Estados Unidos. Toda espectativa, toda predicción ha fracasado. China, Rusia, EEUU y Europa se encuentran en un nuevo paradigma aún sin definir y nuestra reacción está en la lista de respuestas erróneas, sin pretender antes entender. Cuando conocer y entender debiera a mi juicio, ser nuestra prioridad.
El empecinamiento no será en ningún caso la actitud correcta para la comprensión del proceso de cambio y no ayudará a establecer un modelo estable. ¿Hemos perdido nuestra capacidad individual de análisis, de duda y reflexión, de libre razonamiento?
Vienen tiempos en que será recomendable rechazar las grandes verdades repetidas por los grandes voceros, estar atentos a la transformación del contexto y escuchar con espíritu crítico los cantos de las sirenas. Que haberlas, haylas...
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