viernes, 2 de junio de 2023

El daño está hecho.

Parece que ha habido una debacle electoral en España. O por lo menos, eso dicen los medios. La prioridad al estamento político esconde el daño que durante los últimos cuatro años el gobierno ha infligido a estructuras de estado, instituciones, sociedad civil y a cada uno de los ciudadanos que habita nuestro país. Los titulares son para políticos y partidos que han ganado, perdido o participado con desigual fortuna en esta confrontación electoral de tipo regional y municipal. 

Todo el mundo habla; nadie escucha.
Si alguien escuchara, oiría las tropas afilando sus cuchillos, los caballos relinchando nerviosos esperando ser montados por fieros guerreros, sus líderes, que los llevarán al matadero de las trincheras. Algún que otro burro bramando para hacerse oír entre tanto barullo y queriendo destacar participando en el combate convocado a destiempo por el mayor de los perdedores de la última refriega.

No es el clima, es el mundo que se está calentando. La guerra iniciada continuará. Hay otras de las que nadie habla y habrá nuevos estallidos previstos e imprevistos. Los políticos son cobardes y por eso necesitan mandar a sus conciudadanos al conflicto, incluso a matarse entre si. Para resguardar su poder, para resguardarse ellos mismos.

La convocatoria de elecciones anticipadas es la mejor estrategia para no dejar tiempo para la reflexión, para esconder culpabilidades y para desenfocar el resultado obtenido por la amalgama de partidos presentes o soportes de un gobierno que no ha podido acabar su legislatura. Aquí nadie pasa cuentas. Unos dimiten, otros dan un paso al lado, otros convocan nuevas elecciones, la mayoría se oculta, pero nadie pasa cuentas y asume culpas frente a los administrados ni frente a la ley. En política, mentir, malgastar, traicionar y engañar es gratis por mucho dolor y daño que produzca.

Nadie quiere hacer, en estas condiciones, balance de daños de los últimos cuatro años, pero los daños están ahí. Permanecerán y no podrán ser borrados por mucho tiempo. Algunos habrán cambiado irremisiblemente la realidad social de nuestro país. También ha habido frutos útiles y provechosos, a qué negarlo. Pero el balance es desastroso, sea cual sea el punto de vista y la ideología desde la que se mire. La separación de poderes es una entelequia. El descrédito y la politización de estamentos e instituciones que deberían ser garantía de ecuanimidad y estabilidad ha dado al traste con una configuración que ha proporcionado, con sus altibajos, la referencia necesaria para que la sociedad pudiera evolucionar.

Hoy grupos de todo pelaje se permiten enfrentamientos con cualquier ley, con cualquier cuerpo que conforman la estructura legal que nos hemos dado como sociedad y como estado. Por una u otra razón el gobierno no ha querido o no ha podido reconducir la voluntad destructiva de estos desafíos. Bien al contrario, algunas veces, un descompuesto gobierno multicolor ha defendido posiciones contrarias y ha incitado la rivalidad entre grupos que deberían haberse sentido amparadas por una justicia integradora. Ello ha producido rupturas dentro de la sociedad que permanecerán por mucho tiempo y desgarros hasta en las propias familias creando separaciones irreparables por lo irracional de su motivación.

Las dinámicas destructivas han anidado en grupos disgregadores de la sociedad española y auguran futuros conflictos regionales cuya desactivación resultará complicada sino imposible.

Lejos de conceder un tiempo de reflexión que permitiera a la sociedad atemperar la radicalidad y el enfrentamiento, transfiriendo nuestras decisiones del corazón y el estómago al cerebro y consideración, entramos irreflexivamente en un nuevo periodo de exaltación ideológica y enardecimiento de desafíos y hostilidades de todos contra todos.

Restañar heridas, recoser desgarros y calmar la congestión quedará postergado a tiempos futuros y, al calor de la campaña desatada, se profundizarán los desacuerdos y se enquistarán los fanatismos y extremismos. Vienen tiempos difíciles.

miércoles, 12 de abril de 2023

Información complementaria. (al 20 aniversario)

En este artículo reflexiono sobre el 20 aniversario de mi coche como punto de partida para una crítica razonada a las políticas climáticas actuales. Cuestiono la moralidad de los gobiernos que imponen sacrificios desproporcionados a los ciudadanos mientras mantienen prácticas contaminantes a gran escala. Frente al discurso dominante, propongo una mirada crítica y bien fundamentada que no niega el cambio climático, pero sí exige un análisis equilibrado y realista de sus causas y posibles soluciones.

#CambioClimático, #IPCC, #Agenda2030, #CensuraCientífica, #CocheTérmico, #PensamientoCrítico, #EcologismoDogmático

Sobre mi escrito referente al 20 aniversario de mi coche y, en menor medida el del cambio climático, he recibido algunas respuestas que considero producto de falta de información.

La moral es el conjunto de convicciones que fundamentan los principios éticos que guían las acciones tanto políticas como sociales de personas y las entidades que estas forman. Otrosí, tachar de terraplanista y negacionista a quien opina y razona de forma no conforme al pensamiento único impuesto por nuestros mandatarios actuales y ofreciendo relatos distintos al discurso políticamente correcto, no es argumento alguno ni ayuda a la reflexión.

Ante todo, debo denunciar la inmoralidad de los gobiernos que imponen un cambio de paradigma a la vida privada de sus gobernados, sin valorar los daños que infligen a las personas abocándolas a un escenario imposible de alcanzar, mientras permiten, si no alientan, la persistencia de actividades totalmente contrapuestas al objetivo supuestamente perseguido. Mientras se queman millones de toneladas de carbón, centenas de miles de hectómetros cúbicos de gas y millones de barriles de petróleo para generar energía eléctrica, se promociona el coche eléctrico y se machaca al populacho que anda como puede en sus vehículos térmicos. Se imponen a los ciudadanos limitaciones y se les exigen sacrificios que los gobiernos ignoran para ellos mismos en su vida social y personal, así como en su acción política. 

Estos gobiernos inmorales y despóticos (cuando no corruptos), basan sus decisiones (además de las presiones de los lobbies), en informes emitidos por entidades entre las que destaca el IPCC.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es un organismo científico establecido por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en 1988. El IPCC se basa en la evaluación de la literatura científica disponible y la revisión por pares de ésta, sobre el cambio climático y sus impactos en el medio ambiente y la sociedad. Por tanto, la cantidad de literatura científica publicada con unas u otras tendencias influye en los informes emitidos por el IPCC. El número de publicaciones depende en parte, de la cantidad de recursos que respalden unos u otros estudios y su difusión.

El financiamiento del IPCC proviene principalmente de los gobiernos de algunos países que contribuyen voluntariamente a su funcionamiento y a la difusión de sus informes. Los informes del IPCC son discutidos y negociados por los gobiernos patronos de este organismo. Es cierto que las discusiones políticas pueden surgir en la negociación de los informes del IPCC, ya que los gobiernos participantes pueden tener diferentes intereses y perspectivas sobre las políticas climáticas. A pesar del rigor científico que el IPCC aplica en sus investigaciones, a pesar del respaldo de muchas organizaciones científicas nacionales e internacionales, a pesar de la técnica de revisión por pares que aplica el IPCC, los informes finales y las conclusiones son negociados y pactados políticamente con sus patrones.

En resumen, la base científica y la revisión por pares de la información publicada ayudan a garantizar que las conclusiones del IPCC sean respaldadas por la evidencia científica disponible y reflejen el consenso científico mayoritario actual. No obstante, la intervención de sus patronos en la publicación de sus informes, disminuye su fiabilidad en cuanto a rigor científico. Los informes finales (entre 8 y 10 desde su fundación) son documentos mastodónticos tan solo aptos por auténticos estudiosos especialistas. Las comisiones técnicas (donde están presentes delegados políticos de los patronos) resumen las conclusiones del IPCC a informes de unas 20 páginas dirigidos a los gobiernos y entidades supra gubernamentales.

Valga esta información para determinar que el IPCC no es el Papa y sus conclusiones no son la Biblia, salvo por parte de sus más fervorosos creyentes.

El cambio climático existe desde que la tierra tiene atmósfera. Ningún experto ni científico puede negar esta obviedad. Múltiples causas provocan cambios en nuestra atmósfera. El principal factor de inestabilidad y cambio atmosférico es la recepción y absorción de la radiación cósmica. Dentro de esta radiación es fundamental la luz solar. Su intensidad y su ángulo de incidencia sobre el globo terráqueo, son factores principales en los efectos que produce la radiación solar a nuestra atmósfera. 

La órbita terrestre respecto al sol varía cíclicamente, de casi circular a una forma claramente elíptica. Por tanto la distancia de la tierra al sol durante las distintas estaciones es variable. El eje geográfico de la tierra tiene variaciones de ángulo respecto al plano orbital (oscilación de peonza)  también de forma cíclica. El propio sol es inestable y tiene periodos de mayor y menor actividad. Las erupciones de su  corona pueden ser de menor o mayor intensidad y pueden dirigirse hacia cualquier dirección. Los fotones y demás ondas y/o partículas emitidas por nuestro sol tardan ocho minutos en llegar a la atmósfera terrestre. Varios satélites vigilan y estudian permanentemente nuestro astro rey para poder prevenir en lo posible, los efectos de sus erupciones.

Nada de lo expuesto entra en los informes públicos del IPCC. ¿Las mayores causas del cambio climático no entran en los análisis de esta entidad?

La atmósfera está compuesta por un 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno y un 1% de otros gases. El vapor de agua y el argón son los mayores componentes de este 1%. El dióxido de carbono CO2 representa un 0,04%, el Neón un 0,018%, hay trazas de CH4 (Metano), Helio, Kriptón, Xenón, Hidrógeno libre, etc.

En cuanto a oscilaciones de proporción de CO² en la atmósfera terrestre y su temperatura global, no es necesario recurrir a erupciones volcánicas (la del Toba) de hace 74.000 años. Los registros paleo-climáticos indican que ha habido variaciones significativas en la temperatura global del planeta y en la proporción de CO² en la atmósfera durante los últimos 2000 años. Entre los años 900 y 1300 d.C., se produjo un periodo de calentamiento global conocido como el "Máximo Medieval". Luego, entre los siglos XVI y XIX, se produjo la llamada “pequeña edad de hielo”. Durante este periodo, la temperatura global se enfrió significativamente, lo que se manifestó en el crecimiento de los glaciares, en la extensión del hielo marino y en el descenso del nivel de mares y océanos. Las razones de estas oscilaciones no han sido descritas de forma científicamente contrastada. Desde principios del siglo XX, la temperatura global ha experimentado un calentamiento significativo. En promedio, la temperatura global ha aumentado aproximadamente 1°C desde 1900. Gran parte de este calentamiento se ha producido desde la década de 1970. Todo ello es información registrada en los medios medibles naturales (troncos de árboles, hielos “llamados” eternos, dataciones geológicas, etc.).

Es innegable la existencia del cambio climático. Lo hubo y lo habrá. También es importante tener en cuenta que el cambio climático no es solo un problema ambiental, sino también un problema económico, social y de seguridad global. El actual ciclo de calentamiento global tiene el potencial de afectar significativamente la economía global, la seguridad alimentaria, la salud humana y la biodiversidad, entre otros aspectos. La urgencia de abordar el cambio climático se debe en gran parte a la magnitud y el alcance de estos impactos potenciales. Lo que no está tan claro es el nivel de alarma promovida por los gobiernos y las entidades ecologistas que se basa en una evaluación subjetiva de la evidencia científica y de los riesgos potenciales asociados con el cambio climático. Aunque es importante abordar el cambio climático, debe hacerse con valoraciones objetivas e imparciales, de manera equilibrada y proporcionada, considerando la complejidad del problema y la efectividad de respuestas factibles y justificadas.

Es de principal importancia determinar el origen del actual ciclo de calentamiento global. Se debe estudiar la participación en éste, de los gases de efecto invernadero para actuar sobre ellos de forma consecuente, factible y eficiente. Según los informes científicos disponibles (entre ellos los del IPCC), los orígenes son diversos. Por orden de importancia:

a)   La quema de productos fósiles (carbones, petróleos y sus derivados -gas incluido-) se ha incrementado muy sensiblemente desde la revolución industrial. Su utilidad en la industria (producción de energía eléctrica, cementeras, etc.) es la responsable de su posición número uno en los orígenes de los gases de efecto invernadero (incluido el CO²). El tráfico rodado, marítimo y aéreo, así como las calefacciones de edificios, contribuyen en menor medida a las emisiones de estos gases.

b)   La deforestación, que mengua la capacidad de absorción natural del CO² y es una de las causas del desequilibrio actual.

c)    La agricultura y la ganadería que son fuertes emisores de CO² y metano (CH4).

d)   Los procesos naturales (volcánicos, la reversión nocturna de las propias plantas, etc.)

Se deduce fácilmente que la emisión antropogénica es, en todo caso superior al 60% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. Ante el incremento de 300 a 415 ppm de CO² en la atmósfera durante los dos últimos siglos, las plantas se adaptan incrementando su poder de absorción, aunque tal incremento es insuficiente para lograr el equilibrio de emisores y absorbedores.

La fotosíntesis de las plantas y los océanos son los grandes absorbedores netos de dióxido de carbono (CO²). Son nuestros únicos aliados en este quehacer. Los minúsculos esfuerzos de reabsorción de CO² producido por instalaciones emisoras humanas son respetables pero ineficientes para restablecer el equilibrio.

Si analizamos los países mas emisores del planeta, China (32%), EEUU (13%) e India (11%) suman más del 56% de las emisiones antropogénicas del planeta.

Mi egoísta, pero objetiva conclusión es que mientras los países productores de más de la mitad de los gases de efecto invernadero no disminuyan drásticamente sus emisiones, mientras los gobiernos de nuestra querida Europa sigan permitiendo la producción de electricidad quemando gas, carbón, petróleos y derivados, a mí no me pidan desmesurados sacrificios vitales que reduzcan exageradamente mi confort y mi economía. La agenda 2030 es una quimera inalcanzable y exige unos cambios drásticos, en parte inútiles y excesivos en todo caso, al 5% de la población mundial. Mi compromiso y mis esfuerzos están y estarán a favor de la reducción de emisiones de gases, líquidos, partículas y sólidos que polucionen el planeta. Mi forma de vida ha cambiado en tal sentido y seguirá cambiando. Pero no me exijan sacrificios dogmáticos ni adhesiones inquebrantables destinados a fracasar ineludiblemente en sus objetivos, que van contra mi forma de vivir y tienden a anular mi propia identidad.

Debemos reconocer que sobre los factores no antropogénicos del cambio climático, nada pueden hacer los habitantes del planeta. Dado que su magnitud es de proporciones gigantescas respecto a las que la actividad humana pueda suponer, es posible que la actual alarma sea simplemente la reacción al reconocimiento de nuestra debilidad y nimiedad como seres humanos. 

Abordar el cambio climático es necesario, pero no a costa de imponer dogmas, ni sacrificios ciegos que afectan la vida de millones sin tocar a los grandes responsables globales. Mi compromiso es con una ecología racional, sin fanatismos ni manipulaciones políticas. Porque solo con pensamiento crítico, conocimiento técnico y responsabilidad compartida, podremos enfrentar con eficacia los desafíos que nos esperan.

#ManipulaciónClimática, #LibertadDeExpresión, #EcoHipocresía, #DictaduraVerde, #SacrificiosInútiles, #DogmaAmbiental, #PolíticaClimática

 En Barcelona, 12 de abril de 2023.

Referencias:

-(1) NASA Change (2019). Carbon Dioxide Concentration | NASA Global Climate Change. https://climate.nasa.gov/vital-signs/carbon-dioxide/

– (2) IPCC Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático https://www.ipcc.ch/languages-2/spanish/

– (3) Skeptical Science (2015). Plants cannot live on CO2 alone. https://skepticalscience.com/co2-plant-food.htm

– (4) Sneed, A. (2018). – - Ask the experts: does rising CO2 benefit plants?. Scientific American. https://www.scientificamerican.com/article/ask-the-experts-does-rising-co2-benefit-plants1/

– (5) Carrington, D. (2019). Tree planting ‘has mind-blowing potential’ to tackle climate crisis. The Guardian. https://www.theguardian.com/environment/2019/jul/04/planting-billions-trees-best-tackle-climate-crisis-scientists-canopy-emissions

– (6) Campbell, J., Berry, J., Seibt, U., Smith, S., Montzka, S., & Launois, T. et al. (2017). Large historical growth in global terrestrial gross primary production. Nature, 544(7648), 84-87. doi:http://doi.org/f9xxnp

– (7) Green, J., Seneviratne, S., Berg, A., Findell, K., Hagemann, S., Lawrence, D., & Gentine, P. (2019). Large influence of soil moisture on long-term terrestrial carbon uptake. Nature, 565(7740), 476-479. doi:http://doi.org/gftrpf

– (8) Kovenock, M., & Swann, A. (2018). Leaf trait acclimation amplifies simulated climate warming in response to elevated carbon dioxide. Global Biogeochemical Cycles, 32(10), 1437-1448. doi:http://doi.org/gd886k

– (9) Myers, S., Zanobetti, A., Kloog, I., Huybers, P., Leakey, A., & Bloom, A. et al. (2014). Increasing CO2 threatens human nutrition. Nature, 510(7503), 139-142. doi:http://doi.org/gc3fqj


lunes, 10 de abril de 2023

20 Aniversario

 Políticamente incorrecto, irredento pecador.

Este es un escrito irrelevante por cuanto está motivado por el cumpleaños no de un humano, ni tan siquiera una mascota. Hoy, nueve de abril de 2023, mi coche cumple 20 años.

He poseído no pocos vehículos y actualmente tengo algunos, de dos y cuatro ruedas, todos ellos más modernos, pero ninguno ha tenido ni tiene la consideración de “mi coche” como el que cumple hoy su veinteavo aniversario.

Es un Porsche 911, de los muchos miles que se llevan fabricando desde 1963. Se mantiene en un excelente estado a pesar de su edad y sus casi doscientos mil kilómetros. Ha sido un fiel compañero, fiable, divertido, potente, dócil y rebelde a la vez y sigue transmitiendo emociones a quien lo conduce llenando de placer cualquier trayecto adaptándose al perfil del trazado como guante de seda en puño de hierro. Pretendo seguir con él durante los próximos veinte años, hasta que uno de los dos expire y deje al otro en la soledad y el desconsuelo.

Pero ¡qué digo! ¡Veinte años! ¡Blasfemia! ¡Un coche térmico en 2043!

Pues sí. Reflexionemos. Partimos de axiomas falsos confundiendo el CO² con la polución, el cambio climático con el fuego del infierno. La combustión es una reacción química exotérmica en la cual se produce una reacción entre una sustancia combustible y un agente oxidante (usualmente oxígeno), generando calor y emitiendo productos de combustión, como dióxido de carbono, agua y otros gases y residuos. Durante la combustión, la energía química almacenada en la sustancia combustible es liberada en forma de calor y luz, lo que la convierte en una fuente importante de energía para muchas aplicaciones prácticas. Recordemos que la revolución industrial liberó al ser humano del esfuerzo para realizar un trabajo sin usar su energía física, rompió los límites de la energía disponible y por tanto el potencial de trabajo de la humanidad.

Sin embargo, la combustión también puede tener efectos negativos sobre el medio ambiente, ya que hay productos de la combustión que pueden contaminar el aire. Por esta razón, se buscan formas de reducir la emisión de gases y residuos en los procesos de combustión. Vamos a profundizar un poco buscando la ecuanimidad y los efectos probados.

Los gases.

El dióxido de carbono (CO²) es un componente esencial para el proceso de fotosíntesis de las plantas. Durante la fotosíntesis, el CO² es absorbido por las hojas de la planta a través de unos pequeños poros llamados estomas. Una vez dentro de la célula vegetal, el CO² se combina con una molécula llamada ribulosa bisfosfato (RuBP) para formar una molécula inestable llamada ácido fosfoglicérico (PGA). El PGA se convierte en glucosa y otros compuestos orgánicos a través de una serie de reacciones químicas que requieren energía de la luz solar y de otras moléculas disponibles en la naturaleza. Sin CO², las plantas no pueden realizar la fotosíntesis y crecer, lo que tendría un efecto devastador en el ecosistema y la vida en la Tierra. Los análisis geológicos muestran que la concentración de CO² en la atmósfera terrestre desde la aparición del hombre en la tierra, ha fluctuado entre 250 y 700 partes por millón (ppm). Las fluctuaciones dependen en gran medida de efectos naturales (eventos volcánicos, meteóricos, etc). Se estima que al comienzo de la revolución industrial la concentración era de 300 ppm y hoy alcanza los 416 ppm. Las plantas crecen más, emiten más oxigeno y nosotros respiramos mejor en este sentido. El efecto invernadero del CO² es importante, pero de menor entidad que los aspavientos de movimientos catastrofistas quieren magnificar. Controlar su evolución, sí. Pero la criminalización actual del CO² es rotundamente una exageración impropia. Estamos hablando del 0,04% de los componentes de nuestra atmósfera. En todo caso, los grandes productores de CO² son las plantas de producción eléctrica, en su mayor parte.

Los óxidos de nitrógeno (NOx) son gases producidos durante la combustión a altas temperaturas y pueden causar problemas respiratorios, como el asma, y contribuir a la formación de smog y lluvia ácida.

El monóxido de carbono (CO) es un gas inodoro e incoloro muy tóxico para los humanos y los animales, ya que interfiere con la capacidad de la sangre para transportar oxígeno.

Los hidrocarburos (HC) en forma gaseosa son emitidos cuando el combustible no se quema completamente y pueden contribuir a la formación de ozono troposférico, un contaminante del aire perjudicial para la salud.

Las partículas.

Las partículas microscópicas de muy diversa composición, pueden causar problemas respiratorios y enfermedades pulmonares cuando se inhalan, y también contribuyen a la formación de smog y a la contaminación del aire. Los motores térmicos emiten una variedad de productos sólidos en forma de partículas cuando se quema el combustible en su interior. Estas partículas se conocen como material particulado o PM (por sus siglas en inglés, Particulate Matter).

El material particulado emitido por los motores térmicos puede variar en tamaño y composición, dependiendo del tipo de combustible utilizado, la calidad del combustible, el diseño del motor y otros factores. Algunos ejemplos comunes de productos sólidos emitidos por un motor térmico son:

Hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP): Estos compuestos orgánicos sólidos son producidos durante la combustión incompleta del combustible y pueden ser tóxicos para la salud humana y el medio ambiente.

Óxidos de azufre (SOx): Estos productos sólidos se forman cuando el combustible contiene azufre y se quema a altas temperaturas. Pueden contribuir a la formación de lluvia ácida y otros problemas ambientales.

Metales pesados: Algunos metales pesados, como el plomo, el cadmio y el mercurio, pueden estar presentes en el combustible y ser emitidos como partículas sólidas durante la combustión.

Cenizas: Las cenizas son el residuo sólido que queda después de la quema del combustible. Estas partículas pueden ser tóxicas y contribuir a la contaminación del aire y generar smog.

Es importante controlar y reducir la emisión de estos productos sólidos de los motores térmicos para proteger la salud humana y el medio ambiente. Los motores modernos ya utilizan tecnologías como los filtros de partículas para reducir la cantidad de material particulado emitido por el motor.

Para reducir la emisión de gases y partículas tanto en su cantidad como en su poder contaminante, se utilizan tecnologías como los sistemas de control que incluyen sensores, catalizadores y filtros activos. Las tecnologías híbridas en la tracción de vehículos, permiten recuperar la energía en las deceleraciones (frenados) y así disminuir los consumos y por tanto emitir menos residuos. Combustibles mejorados con nuevas tecnologías y esfuerzos adicionales en la producción de motores más limpios contribuirán a una larga vida de los motores térmicos cuya sustitución, hoy en día, no es posible sin dañar grave y profundamente la vida humana en sus facetas laborales y económicas, así como en el confort y libertad conseguidos.

Dejaremos atrás indudablemente nuestra era del carbón (combustibles fósiles), pero a su tiempo y en función de la capacidad humana para sustituirlo por conjuntos (combustible y motor) basados en otras tecnologías. Consumir carbón, gas y petróleo para producir energía eléctrica y luego favorecer al coche eléctrico portador de un inmundo almacén de contaminación escondido en su batería, no es la solución. Las baterías tienen una vida operativa claramente inferior a la del coche térmico y su reciclaje es mucho más complejo que éste, con restos imposibles de eliminar totalmente y potencialmente muy peligrosos para la vida. La generación de electricidad "verde" (sin gas, carbón, ni petróleo) para las necesidades de la humanidad actuales (y menos futuras) no se conseguirá hasta el próximo siglo (por lo menos). La esperanza actual de producción eléctrica en una térmica de fusión no es probable hasta finales del presente siglo. Estamos en un impass y deberemos gestionarlo con inteligencia y basándonos en realidades y no inútiles quimeras. Deberemos trabajar durante los próximos decenios para producir mejores y eficientes combustibles y motores menos contaminantes. Las baterías, los combustibles, los neumáticos, los alquitranes y los motores (en este orden) deberán ser más amigables con la naturaleza.

En esta extraña Europa donde vivimos, habitan unos cuatrocientos millones de personas. La población mundial se aproxima a los ocho mil millones de seres humanos. Representamos menos del 5% de la humanidad. En Bruselas deben desconocer este dato. Según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), la industria automotriz emplea directamente a 2,8 millones de personas en Europa y cerca de 15 millones de empleos indirectos. La producción de vehículos eléctricos no precisa de esta mano de obra. De los siete mil seiscientos millones de personas no europeos, la gran mayoría sueña con poseer un Porsche, un Mercedes, un Audi, un Ferrari... Un coche europeo (térmico). La industria europea puede valorar su producto gracias a este inmenso mercado. Los vehículos que usará el 95% de la humanidad seguirán siendo térmicos, tras el 2030. Según lo que ahora predican los voceros de nuestros líderes europeos, renunciaremos a estos productos y mercados y el 5% de la humanidad irá a pie o andando a buscar trabajo en la Ford, la Toyota o la General Motors. La polución debida a los coches térmicos (sea la que sea) se reducirá en un inapreciable ¿5%? ¿Europa se depreciará y se empobrecerá mediante este suicidio colectivo para conseguir algo parecido a nada?

Por mucho que se legisle contra ella, la realidad es cabezona y nada influenciable.

¿A qué intereses sirve la irrealizable agenda 2030 impuesta por esta endógena Europa? Para mí, ésta es la pregunta que requiere una clara y necesaria respuesta. 

Los políticos no buscan largas explicaciones como la presente, algo complejas y buscando la comprensión de la gente en procesos no siempre bien conocidos. Buscan un eslogan y un culpable. Luego, los medios serviles, la propaganda y supuestos estudios técnicos rastreros esparcen el mensaje corto de simplona comprensión. 

Parece que es mejor matar al paciente que buscar el remedio a la enfermedad.

martes, 14 de marzo de 2023

Malos Tiempos

 Corren malas épocas. El Barça y Catalunya están siguiendo un proceso (procés en catalán) vergonzoso y vergonzante en las últimas décadas. Caen lejos aquellos años noventa en que un Pascual Maragall eufórico anunció las olimpiadas y el famoso 3%. Quedan lejos la alegría, la euforia, la mejoría, la pujanza y el desmadre. En el gobierno de España se robaba a espuertas y la corrupción reinaba desde Punta Umbría, con epicentro en Sevilla y Madrid, hasta Barcelona y Andorra. La corrupción y el fracaso vienen de lejos. Y permanecen.
Hemos malgastado el tesoro de la democracia, la libertad y la ilusión del 78. En una década malogramos lo que creíamos sería nuestro camino a Ítaca. Del 75 al 85 malgastamos una oportunidad de oro que solo algunos países han transitado sin sangre.
Ahora toca apechugar con lo que hemos hecho mal, lo que ha hecho mal el Barça, lo que ha hecho mal, muy mal Catalunya. Y, por qué no decirlo, también el resto de España.
Dicen que quien la hace la paga, pero en muchas ocasiones unos la hacen y la pagamos los demás. Ello se extiende en el tiempo y el espacio. François Mitterrand cedió a los disturbios del 68 y estableció en Francia una insostenible edad de jubilación (60 años). Hoy los franceses y su actual presidente retoman los disturbios 54 años más tarde. 
La crisis de 2008 fue mal cerrada por el cansancio de políticos y de la élite económica, a base de deuda y malas prácticas. El ciclo mal cerrado nos volverá a caer encima sin remisión. Con otros actores causantes del desaguisado, pero con los mismos pagadores que poco o nada tienen que ver con su origen.
Dicen que los gobiernos son reflejo del país y sus votantes. Si es cierto, lo dicho; toca apechugar.