miércoles, 6 de septiembre de 2028

Hoy he abrazado a mi hija

Hoy he abrazado a mi hija. Un abrazo matutino y cotidiano sin particularidad alguna. Ella a la Uni, yo al trabajo. Pero este simple abrazo ha evocado mi vida entera cuyo único motor son tan solo destellos de felicidad como este fugaz momento. Mi penumbra solo se desvanece con el centelleo de mis luceros. Mi familia, mis amigos, aquellos pocos desconocidos que, por un instante y sin vuelta, entregan su calor para aliviar mi frio.

Hoy he abrazado a mi hija. Efímero remanso en el torbellino, breve soplo que se escabulle y que yo quisiera eterno. La noche se torna día, el otoño primavera y  luego, cuando  concluye, brota de mi corazón un aullido de angustia, un ansioso lamento que solo apaciguará el próximo resplandor, el venidero encuentro.

Hoy he abrazado a mi hija y la vida me ha sonreído. No sé si con burla o afecto. Pero a mí que más me da, si lo pequeño de nuestro mundo es lo más grande del universo. La siempre escasa felicidad anida en lo pasajero, que nunca se queda quieto, que jamás permanece, en eterno vaivén, huidizo sentimiento.  
Hoy he abrazado a mi hija y es todo lo que deseo.